DOMINGO -XIV- T.O. -A-

Lectura del profeta Zacarías 9,9‑10

Mira a tu rey que viene a ti modesto  

Así dice el Señor: "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra."
Palabra de Dios 

REFLEXIÓN 

ESPERANZA CONTRA TODA ESPERANZA    

            El pasaje del profeta Zacarías que nos trae la liturgia de hoy se encuentra en un momento en que el pueblo ha perdido en el horizonte de la esperanza el volver a su tierra y restaurar la grandeza del reinado de David, en el que el pueblo era uno y grande; menos aún el pensar en la restauración del templo, como centro de unidad y símbolo de grandeza del pueblo. La decepción, el desencanto, la desidia… han hecho mella en el ánimo del pueblo y se ha perdido todo atisbo de esperanza.
            En esa situación de hundimiento y oscuridad, Zacarías alza la voz invitando a la alegría y a la esperanza: “"Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén”; pero es interesante observar la imagen que presenta como motivo de alegría: no es la de un mesías poderoso, cargado de fuerza y de poderío político como esperaban todos. La grandeza y la fuerza que le acompañan al mesías que presenta, está en su unión con Dios y en la misión que trae, que no tiene nada que ver con la grandeza de los poderes humanos: “mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno”
            El nuevo Mesías que vendrá es el que va a establecer la justicia de Dios, no la de los hombres; es el que va a salvar a todos los hombres de las ataduras del pecado y, por tanto, va a restablecer la libertad personal y la amistad con Dios y no viene a establecer la revancha política. Al mismo tiempo va a romper el exclusivismo en el que ha venido manteniéndose Israel, abriendo la promesa a la universalidad de todos los pueblos: “dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra."
            Todo esto es algo que choca frontalmente con lo que hay establecido y, por tanto, hará que el profeta no sea tomado en serio.

Salmo responsorial: 144  

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; /
bendeciré tu nombre por siempre jamás. /
Día tras día, te bendeciré /
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso, /
 lento a la cólera y rico en piedad; /
 el Señor es bueno con todos, /
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, /
que te bendigan tus fieles; /
que proclamen la gloria de tu reinado, /
que hablen de tus hazañas. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.   

El Señor es fiel a sus palabras, /
bondadoso en todas sus acciones. /
El Señor sostiene a los que van a caer, /
endereza a los que ya se doblan. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 
Lectura de la carta de S. Pablo a los Romanos 8,9.11‑13
Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis  

Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Palabra de Dios

REFLEXIÓN 

MANTENER LA COHERENCIA  

            S. Pablo, siguiendo el razonamiento que hace en el cap. 6, sigue la coherencia del discurso: si hemos muerto a una forma de vida regida por los instintos carnales, para nacer y dejarnos guiar por las mociones del Espíritu Santo que ha nacido en nosotros por el bautismo, son las obras del Espíritu las que han de marcar nuestra existencia y las que nos han de identificar. Pero si no son las obras o frutos del Espíritu los que damos y nos identifican, es que el Espíritu del Señor no habita en nosotros y, en consecuencia, vivimos todavía bajo la fuerza del pecado y no de Dios.
            No obstante, aunque hayamos recibido el Espíritu, no hemos dejado de ser humanos y, por tanto, vivimos bajo la influencia y la fuerza de la carne que nos empuja con los instintos carnales que, con la ayuda del Espíritu, dejarán de ser una fuerza irresistible que nos empuja al pecado.
            Esta es la opción de lucha que hemos de hacer: vivir según la carne o vivir según el Espíritu, pero sabiendo que ahora tenemos toda la fuerza de Dios que nos sostiene y nos garantiza el triunfo.
            El Espíritu del Señor nos da a cada uno la fuerza y la luz que necesitamos para responder en cada momento, con plena libertad, según conviene a cada uno.

 Lectura del santo evangelio según S. Mateo 11,25‑30
Soy manso y humilde de corazón

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."
Palabra del Señor 

REFLEXION 

EL MONOPOLIO DE LA VERDAD   

            S. Mateo nos presenta hoy un momento en el que Jesús expresa la experiencia que está teniendo en la presentación del reino: se va dando cuenta que todos los “letrados”, los “entendidos”, los “aposentados”… todos encuentran dificultades, todos le ponen pegas a que el reinado del amor, de la paz, de la verdad y de la solidaridad se establezcan en el mundo como rieles por los que camine toda la sociedad.     
            ¡Efectivamente! Eso es un tremendo disparate para sus intereses. Y tienen su idea de Dios, de la religión, de la moral, de la economía, de la estabilidad del país… de acuerdo a su estatus, que para ellos, los entendidos, es lo perfecto, lo que Dios tiene obligación de aceptar.
            Por eso entienden que Jesús no puede enseñarles nada nuevo, ni tiene idea de lo que está diciendo, pues es un iletrado, alguien que no ha salido del esquema que ellos han fabricado. No es posible que Dios piense de forma diferente a como lo hacen ellos
En cambio, los pobres, los que no han tenido acceso a las letras, los que no tienen riquezas que guardar, ni intereses que defender; los que están excluidos de la religión y de las estructuras, entienden perfectamente que ese reino que Jesús les presenta sería el gran ideal de fraternidad al que debería aspirar la humanidad.      Jesús ve en ellos la esperanza de la humanidad, los únicos que no tienen dañada la mente ni el corazón y permanecen abiertos a la novedad de Dios, sin embargo, ve que todos los oprimen, los explotan y ni la misma religión les sirve de consuelo, ni las doctrinas que les dan en el templo les alivian la carga de la vida, más bien se la hacen más pesada, por eso exclama: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."  Él ha venido a liberar y no a cargar, a salvar y no a condenar… Él es el único refugio seguro que ha de encontrar el pobre, porque al final, la VERDAD es la que ha de imponerse.

DOMINGO XIII DEL T.O. –A-

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes. 2 Re 4, 8-11. 14-16a
Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí
PASÓ Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse». Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».
Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando Un hijo».

Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN
 
RESPUESTA DE DIOS A LA ACOGIDA   

            El relato nos recuerda a Abrahán cuando vio llegar a dos personas extrañas que se acercaban a su tienda extenuadas por el camino; sin preguntar quiénes eran, se puso a preparar una comida y les dio hospitalidad ofreciéndoles su casa.

            Su actitud de acogida y hospitalidad al forastero, que era un signo de su apertura a Dios, tiene como recompensa el que Sara se quede embarazada y traiga a la vida a Isaac, el hijo esperado durante toda la vida y que no llegaba.
            En el texto (2ª Re.4) que nos presenta la liturgia, se nos muestra la respuesta de Dios a la actitud generosa y acogedora de esta mujer sunamita, junto con su marido, que le abren sus puertas al profeta.
            Dios no se deja ganar en generosidad y no deja sin recompensa a todo el que se pone en su camino; en el NT. Jesús dirá: Ni un solo vaso de agua que deis a una persona en mi nombre, quedará sin recompensa”. A esta mujer sunamita, como a Sara, Dios las bendijo con lo máximo que podían soñar.
            El mensaje que nos presenta hoy la palabra de Dios contrasta con la actitud de la humanidad que estamos viviendo en la actualidad: millones de personas que están siendo desplazadas de su tierra y tienen que huir por la deshumanización de sus dirigentes políticos que por mantenerse en el poder son capaces de arrasar a sus pueblos y otros, por conquistar ese poder, dan lugar a la destrucción de pueblos enteros.
            Pero en el otro lado están los mismos hermanos que no quieren acoger a sus hermanos y los lanzan a otros extremos de la tierra donde tampoco son acogidos, o se les pone infinidad de trabas.
            Frente a esta situación nos encontramos con el principio de que la tierra la crea Dios para que en ella viva el hombre, hecho a su imagen y semejanza, con un derecho primario y fundamental a ser feliz; por otro lado vemos la llamada de Dios a la apertura y acogida del hombre, mientras la realidad nos presenta todo lo contrario. Queda en el aire la gran interrogante: ¿Hasta qué punto se ha degradado el hombre que ya no se reconoce?

Salmo responsorial
Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R/.: 2a)
R/.
   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

        V/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
                anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
                Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
                más que el cielo has afianzado tu fidelidad.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

         V/.   Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
                caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
                tu nombre es su gozo cada día,
                tu justicia es su orgullo.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

        V/.   Porque tú eres su honor y su fuerza,
                y con tu favor realzas nuestro poder.
                Porque el Señor es nuestro escudo,
                y el Santo de Israel nuestro rey.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Rom 6, 3-4. 8-11
Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva

HERMANOS:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Aleluya

1 Pe 2, 9
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa;
        anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.   
R/.

REFLEXIÓN 

SER O NO SER    
            Pablo quiere que la comunidad cristiana de los romanos tome conciencia de algo que es una incoherencia evidente y que puede dañar la imagen y destruir la comunidad: si han sido incorporados a la muerte de Cristo con el bautismo, es lógico que no sigan dando signos del hombre viejo que enterraron, pues un cadáver no puede dar signos de vida; un cadáver solo da olor a podredumbre y a muerte.
            De la misma manera, si con el bautismo han renacido como hombres nuevos a la vida de Cristo resucitado, no tiene sentido el que sigan realizando obras de muerte, como son el egoísmo, la avaricia, la lujuria, la insolidaridad, la corrupción y la degradación…
            Para Pablo, cuando morimos es para siempre y no para un rato y, renacer para Dios, es ser una persona completamente nueva. No se puede ser una cosa y manifestar otra o pretender ser las dos cosas al mismo tiempo.
            Esto que para S. Pablo no tiene explicación: ser una cosa y aparecer otra, está tomando otra versión en nuestro tiempo: lo que somos no tiene por qué condicionar nuestra actuación; algo así como si a un árbol de olivo le pides que dé patatas.
            Esta es la realidad tan extendida hoy entre nosotros que, además, se quiere imponer: reducir la fe a la sacristía, de manera que lo que creamos o sintamos no tiene por qué condicionar la vida, creándose una división entre lo que se cree y lo que se vive, como dos cosas sin conexión, de forma que puede llevarse una vida completamente diferente a lo que confesamos. Es decir: Fe y Vida, como dos realidades sin conexión alguna y sin injerencia.
       

EVANGELIO
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 10, 37-42
El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN</DIV></DIV>

NI LA CRUZ PUEDE SER CAUSA DE ABANDONO     

            Cuando leemos despacio el texto del evangelio de Mateo nos quedamos conmovidos al escuchar a Jesús que en su lenguaje utiliza imágenes tan fuertes como la de “llevar la cruz”: todos los componentes de las primeras comunidades tienen muy claro y saben lo que es eso: La CRUZ no solo era una muerte atroz, sino que se consideraba un castigo ejemplar: al reo se le desnudaba y se le obligaba a “llevar el travesaño de la cruz” exhibiéndolo por el pueblo, hasta lo alto del monte donde esperaba el palo vertical allí clavado. Se le obligaba a pasear de esta forma por toda la ciudad para que sirviera de ejemplo y se le expulsaba de ella, para que muriera allí solo, fuera de la ciudad y se le dejaba colgado, para que se lo comieran las aves de rapiña, porque se consideraba indigno de que la tierra lo admitiera en sus entrañas. De esta manera, la gente se quedaba descansando de soportar a un indeseable y a nadie se le ocurría hacer lo que llevaba a este extremo. Esta imagen la tenían muy viva y está en el subconsciente de todos.
            Con esta imagen de trasfondo, Jesús les dice que su seguimiento lleva consigo el estar dispuestos, incluso a “llevar la cruz”, que es lo último en lo que se puede pensar, pero no es por demostrar al mundo que aguantamos lo que nos echen, ni porque estémos de acuerdo con el dolor, el sufrimiento, o los problemas, sino que, para evitar el sufrimiento, la injusticia, el atropello, el dolor de los indefensos y la opresión de los pobres, estamos dispuestos a “perder” nuestra vida y a jugárnosla, si es que fuera necesario. Ni la cruz nos puede echar atrás.
            Y el que se une a alguien que ha sido capaz de entregar su vida por la causa de Jesús y lo apoya, solidarizándose con su causa, Jesús no ha de dejar sin recompensa, de la misma manera que en otro momento, también se declaraba a favor de aquel que en la vida se pone de su lado y lo confiesa.  

 

 

 

DOMINGO XII DEL T.O. –A-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías. Jer 20, 10-13
Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa
DIJO Jeremías:
«Oía la acusación de la gente:
“Pavor-en-torno,
delatadlo, vamos a delatarlo”.
Mis amigos acechaban mi traspié:
“A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa».

Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN 

DIOS TIENE LA ULTIMA PALABRA    
            El profeta Jeremías detecta la situación en la que vive su pueblo: se da cuenta que no hay por dónde coger el tema, pues por donde mira todo está corrompido; ve que ha llegado el momento en que no te puedes fiar de nadie ni de nada.; todos están pendientes para ver dónde hay un fallo y dónde se puede encontrar carnaza para el morbo, pero nadie está dispuesto para hacer el bien ni se atreve a hacerlo… La situación es un calco de lo que vivimos en la actualidad: cada día que nos levantamos nos encontramos con otra nueva noticia de corrupción y de muerte, ya no podemos  fiarnos de nadie, pero además, tenemos que andar con un cuidado enorme, pues están a la caza y captura del más mínimo detalle para tergiversarlo y montar un problema, sobre todo si es que se trata de la iglesia o alguno de sus componentes que se destaque un poco..
            Frente a esta situación, el profeta ve que no tiene más asidero que su confianza y fidelidad al Señor, que es el que al final hace que todas las cosas se pongan en su sitio y resplandezca la verdad.
            Es la lucha de siempre: el mal que no soporta la presencia del bien y hace todo lo posible por opacarlo y destruirlo, intentando de todas las formas imaginables, desde la crítica solapada, la tergiversación, la calumnia hasta la persecución llena de odio y violencia, como estamos viendo a diario.
            Al final termina el profeta proclamando la grandeza de Dios que hace que resplandezca la verdad: “Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos."  

Salmo responsorial

Sal 68, 8.10.14 y 17.33-35 (R/.: 14c)
R/.
   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

        V/.   Por ti he aguantado afrentas,
                la vergüenza cubrió mi rostro.
                Soy un extraño para mis hermanos,
                un extranjero para los hijos de mi madre.
                Porque me devora el celo de tu templo,
                y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

        V/.   Pero mi oración se dirige a ti,
                Señor, el día de tu favor;
                que me escuche tu gran bondad,
                que tu fidelidad me ayude.
                Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
                por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad.

        V/.   Miradlo, los humildes, y alegraos;
                buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
                Que el Señor escucha a sus pobres,
                no desprecia a sus cautivos.
                Alábenlo el cielo y la tierra,
                las aguas y cuanto bulle en ellas.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Rom 5, 12-15
No hay proporción entre el delito y el don
HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Palabra de Dios. 

Aleluya
Jn 15, 26b-27a

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí —dice el Señor—;
        y vosotros daréis testimonio.   
R/. 

REFLEXIÓN. 

DIOS SE HACE IMAGEN Y SEMEJANZA DEL HOMBRE   

            Pablo recuerda a la comunidad de los romanos el gran misterio de la encarnación que ha hecho cambiar radicalmente nuestra realidad, para que seamos coherentes con lo que Cristo ha hecho con nosotros: “Un Hombre” = la HUMANIDAD decidió cortar con Dios y despreciarlo, renunciando a su proyecto de felicidad que Dios había establecido para él.
            Dios, en cambio, permanece fiel a su voluntad y a su decisión inicial, que es la expresión de su propio ser: EL AMOR; y en la cumbre de los tiempos decide dar un paso más que será decisivo en orden a su proyecto inicial para el hombre: hace suya la naturaleza humana. Esto es el acto cumbre de la creación: el hombre hecho a su imagen y semejanza. Ahora Dios se hace con la imagen y semejanza del hombre: toma un cuerpo, para hacerse visible y mostrarle al hombre lo que significa para Él y hasta dónde está dispuesto a solidarizarse con su vida y su historia.
            Si aquella humanidad vieja (ADAN) rompió su imagen y semejanza con Dios, la misma humanidad nueva (CRISTO)  restablece por entero y para siempre la naturaleza humana, dejando intacta a cada uno su libertad, por lo que cada uno se hace responsable de su vida, su realización y su destino. 

EVANGELIO
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 10, 26-33
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
 

REFLEXIÓN 

NO VALEN LAS MEDIAS AGUAS    

            Jesús tiene muy claro el ambiente que existe: cuando alguien sigue a un líder que ha terminado mal, la misma suerte le espera a sus seguidores; esto es algo que está en la mente de todos y Él sabe que a sus discípulos les puede ocurrir igual, por lo tanto, les advierte para que no se hagan ideas falsas de otra realidad distinta: no les espera ningún camino lleno de rosas, sino que la complicación y los problemas son algo con lo que han de contar desde el mismo principio.
            Todo esto es algo que la comunidad tiene muy claro y lo recuerda: en su camino van a encontrar la contradicción, el rechazo, la crítica, la persecución… ya les dejó advertido el Maestro, que tendrían que ser perseguidos, insultados por su causa, esa será la señal de que es verdad lo que predican y les dará la seguridad de que están en el camino. Para eso, les advierte que no tengan miedo y no se sientan retraídos ante las dificultades.
            Efectivamente, no hay que tener miedo a las dificultades que pueden venir y que son muchas las que vendrán, en cambio, les deja una advertencia clara en lo que deben estar atentos y a lo que hay que tener verdadero miedo: es a aquellos que les pueden convencer de lo contrario, que les pueden hacer creer que no vale la pena luchar, que hay que buscar lo fácil, lo agradable; que no vale la pena exponerse… y le pueden cambiar por entero su manera de ver las cosas de tal forma que, cuando quieran acordar, se alíen con el mal, convirtiéndose en los peores enemigos, que son, precisamente, los que luchan en contra desde dentro.
            A estos hay que temerles verdaderamente, pues son los que llegan a crear actitudes perversas que nos hacer ver bueno lo que es malo y viceversa.
            Jesús declara abiertamente que no podemos andar entre dos aguas: o nos ponemos a su lado, o estamos enfrentados a Él. No hay un camino intermedio en el que puedas nadar y guardar la ropa.
            De la misma manera declara que quien se juega la vida por Él, el momento final del juicio se llevará la gran sorpresa, pues se encontrará a Dios de su parte; de la misma manera, quien se coloca en contra, al final se encontrará con la misma oposición que mantuvo en su vida.