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XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la «gehena». ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos». Palabra del Señor.

    En el Evangelio de este domingo, Jesús repite tres veces una expresión que resuena como un bálsamo para el corazón: «No tengáis miedo». No es una invitación a ignorar las dificultades, sino a vivirlas con la certeza de que Dios camina con nosotros.

    Jesús está preparando a sus discípulos para la misión. Les advierte que encontrarán oposición, críticas e incluso persecución. Sin embargo, les dice: «Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; y lo que os digo al oído, proclamadlo desde las azoteas.» El Evangelio no puede permanecer escondido; está llamado a iluminar el mundo.

    Todos conocemos el miedo: miedo al rechazo, al fracaso, a perder el trabajo, a la enfermedad, a la soledad o al qué dirán. Muchas veces ese miedo nos impide vivir nuestra fe con coherencia. Preferimos callar antes que defender la verdad, o dejamos de hacer el bien por temor a las consecuencias.

    Pero Jesús nos recuerda que el verdadero peligro no es perder prestigio o comodidad, sino perder el alma, alejarnos de Dios y renunciar al Evangelio.

    Para fortalecer nuestra confianza, Jesús utiliza una imagen conmovedora: «No se vende un par de gorriones por unas monedas? Pues ni uno solo cae al suelo sin que lo permita vuestro Padre. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.»

    Es una manera de decirnos que para Dios nadie es insignificante. Cada persona tiene un valor inmenso. Si Él cuida de los pájaros del cielo, cuánto más cuidará de sus hijos.

    Esta certeza no significa que no sufriremos, sino que nunca estaremos solos. Dios no abandona a quienes ponen en Él su confianza.

    Hoy el Señor nos invita a ser cristianos valientes. No basta creer en privado; la fe necesita hacerse visible en nuestras palabras, en nuestras decisiones y en nuestras obras.

    Confesar a Cristo no consiste solamente en hablar de Él, sino en vivir como Él: perdonando al que nos ofende; defendiendo la verdad; ayudando al necesitado; siendo honestos cuando otros eligen el camino fácil; manteniendo la esperanza incluso en las dificultades.

    Quien vive así ya está proclamando el Evangelio "desde las azoteas".    Pidamos al Señor la gracia de una fe firme, capaz de vencer el miedo y de anunciar el Evangelio con alegría y esperanza.




XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 


Llamó a sus doce discípulos y los envió

Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis». Palabra del Señor.

    El Evangelio de este domingo nos muestra el corazón de Jesús. San Mateo nos dice que, al ver a la multitud, Jesús sintió compasión porque estaban “cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”.

        La primera enseñanza es que Dios no nos mira con indiferencia. Jesús ve nuestras luchas, nuestras preocupaciones familiares, nuestros problemas económicos, nuestras enfermedades y nuestras dudas. No nos juzga desde lejos; se acerca con misericordia. La compasión de Cristo es el punto de partida de toda la misión de la Iglesia.

    Luego Jesús dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos”. El mundo sigue necesitando personas que anuncien esperanza, que lleven consuelo, que hablen de Dios con su vida. No se trata solamente de sacerdotes o religiosos; cada bautizado está llamado a ser misionero allí donde vive: en la familia, en el trabajo, en la escuela, entre los amigos.

    A continuación, Jesús envía a los Doce. Es significativo que no envía personas perfectas, sino hombres sencillos, con limitaciones y debilidades. Esto nos recuerda que Dios no llama a los más capacitados; capacita a los que llama. Cuando confiamos en Él, nuestra pequeñez se convierte en instrumento de su gracia.

    El Señor también les da una consigna: “Gratis habeis recibido; dad gratis”. Todo lo que tenemos es un don: la vida, la fe, los talentos, el amor de nuestras familias. Por eso estamos llamados a compartir generosamente, sin buscar recompensas ni reconocimientos.

Hoy podemos preguntarnos. ¿Tengo la misma compasión de Jesús por quienes sufren?¿Rezo por las vocaciones sacerdotales y religiosas?¿Soy consciente de que también yo he sido enviado a anunciar el Evangelio?¿Comparto gratuitamente los dones que Dios me ha concedido?

    Pidamos al Señor que renueve en nosotros el entusiasmo de los primeros discípulos. Que sepamos confiar en Él, como aquellos pescadores que dejaron sus redes para seguirle, y que nuestra vida sea un testimonio de fe, esperanza y amor.

VI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO.CICLO A

 

Así se dijo a los antiguos; pero yo os digo.

Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado.
Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio».
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus juramentos al Señor».
Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno». Palabra del Señor.

    El Evangelio de este domingo, nos sitúa en el corazón del Sermón del Monte, donde Jesucristo nos revela que la fe no se vive solo cumpliendo normas externas, sino transformando el corazón. “No he venido a abolir, sino a dar plenitud”

    Jesús deja claro que la Ley de Dios no pierde valor, pero va mucho más allá de lo que se ve por fuera. No basta con “no matar”; también hay que sanar el enojo. No basta con “no cometer adulterio”; hay que purificar la mirada y el deseo. No basta con “decir la verdad a veces”; el discípulo debe vivir con un corazón tan sincero que no necesite juramentos. La santidad que Jesús propone no es mínima, es profunda.

    Este Evangelio nos confronta con una pregunta clave: Nos invita descubrir. ¿Cómo está mi corazón?

    Podemos cumplir muchas reglas y, sin embargo, seguir cargando rencor, doble vida, palabras hirientes o falta de coherencia. Jesús nos invita a una conversión real, donde: el perdón vence al enojo, la fidelidad nace del amor y la verdad brota de un corazón limpio. No se trata de vivir con miedo, sino con un amor que transforma.

    Si somos capaces de mirar con la mirada de Jesús, llena de compasión y de misericordia estaríamos transformando nuestro interior, de esta forma descubriríamos que el sentido pleno de la ley se concreta en qué él nos amó primero y por eso nos pide que hagamos nosotros lo mismo sin perder de vista los mandamientos, pero eso si dándole el sentido pleno que Él le da.

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 


Vosotros sois la luz del mundo.

Del evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». Palabra del Señor.

    En este domingo Jesús usa dos imágenes muy simples: la sal y la luz. Cosas pequeñas, cotidianas, que todos conocían… pero indispensables.

    La sal parece poca cosa, pero sin ella la comida pierde sabor. La luz puede ser pequeña, pero basta para vencer la oscuridad. Con esto Jesús nos revela algo muy grande: que el Reino de Dios no crece con cosas espectaculares, sino con vidas transformadas.

   Cuando Jesús nos habla de nosotros mismos nos dice: “vosotros sois la sal de la tierra”, nos está diciendo que el mundo necesita del cristiano para no corromperse, para no perder el sabor del bien, de la verdad, de la esperanza. Pero también advierte: si la sal se vuelve insípida, ya no sirve. Es una llamada fuerte: una fe vivida solo de palabras, sin obras, se vuelve estéril.

    Del mismo modo nos dice:“vosotros sois la luz del mundo.” La luz no se esconde. No se enciende una lámpara para taparla. La fe no es solo para el templo es para la vida diaria. Brillamos cuando: actuamos con justicia, perdonamos, ayudamos al necesitado, vivimos con coherencia. Lo más importante del texto es esto: la luz no es para lucirse, sino para que otros vean a Dios.

    Jesús termina diciéndonos: “que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. No es protagonismo cristiano. Es testimonio. Cuando alguien ve tu paciencia, tu honestidad, tu amor, y piensa: “Dios está ahí” ahí se cumplió el Evangelio.

IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A


 Bienaventurados los pobres en el espíritu.

Del evangelio según san Mateo. 
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». Palabra del Señor.

    Hoy el Evangelio nos presenta uno de los textos más conocidos y, al mismo tiempo, más exigentes de Jesús: las Bienaventuranzas. Jesús sube al monte, se sienta como maestro y comienza a describir el camino de la verdadera felicidad. Pero basta escucharlas con atención para darnos cuenta de algo sorprendente: no se parecen en nada a las felicidades que el mundo propone.

        El mundo dice: felices los poderosos, los que tienen éxito, los que imponen su voluntad. Jesús dice: felices los pobres de espíritu, los mansos, los misericordiosos, los que trabajan por la paz.

    Las Bienaventuranzas no son simples consejos morales; son el retrato del mismo Jesús. Él fue pobre de espíritu, manso de corazón, misericordioso con los pecadores, perseguido por hacer el bien. Vivir las Bienaventuranzas es, en el fondo, vivir como Él.

    “Felices los pobres de espíritu”. No se trata solo de pobreza material, sino de reconocer que necesitamos a Dios, que no nos salvamos solos. El pobre de espíritu confía más en Dios que en sus propias seguridades.

    “Felices los que lloran”. Jesús no glorifica el sufrimiento, sino que nos recuerda que Dios no es indiferente al dolor humano. Él consuela, sana y da esperanza a quien no endurece el corazón ante el sufrimiento propio y ajeno.

    “Felices los mansos”. La mansedumbre no es debilidad; es fuerza interior, es saber dominar la violencia, responder al mal con el bien, elegir el camino de la paz.

    “Felices los que tienen hambre y sed de justicia”. No es solo cumplir leyes, sino desear un mundo más justo, donde nadie sea descartado, donde el amor tenga la última palabra.

    “Felices los misericordiosos”. En un mundo que juzga y condena con rapidez, Jesús nos recuerda que la misericordia es el corazón del Evangelio. El que perdona, sana; el que es misericordioso, se parece a Dios.

    Y finalmente, “felices los perseguidos por causa de la justicia”. Seguir a Jesús no siempre es cómodo. A veces implica ir contra la corriente, defender la verdad, amar cuando no es fácil. Pero Jesús nos asegura que vale la pena.

    Las Bienaventuranzas no prometen una felicidad superficial o inmediata, sino una felicidad profunda, que nace de vivir en comunión con Dios. Son un camino, no una meta instantánea.

    Pidamos hoy al Señor la gracia de no quedarnos solo admirando este Evangelio, sino de dejarnos transformar por él, paso a paso, para que nuestra vida sea también una buena noticia para los demás.

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 


Se estableció en Cafarnaún, para que se cumpliera lo dicho por Isaías.

Del evangelio según san Mateo.
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Palabra del Señor

    La Palabra de Dios de este domingo nos sitúa al comienzo de la vida pública de Jesús. San Mateo nos muestra a Jesús caminando por Galilea, una tierra marcada por la mezcla de pueblos, por la pobreza y también por la oscuridad de la injusticia y la ignorancia de Dios. Y es precisamente allí donde comienza a brillar la luz.

    El profeta Isaías lo había anunciado: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. Dios no espera a que todo esté perfecto para actuar. No elige los centros de poder, sino los márgenes. Ahí donde hay oscuridad, confusión o cansancio, Dios enciende su luz.

    El mensaje de Jesús es claro y directo: “Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca.” Convertirse no es solo dejar de hacer cosas malas; es cambiar la dirección del corazón, volver a Dios, permitir que Él sea el centro de nuestra vida. La conversión es un camino diario, no un acto puntual.

   Luego viene la llamada: “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.” Jesús llama a personas sencillas: pescadores que estaban trabajando, ocupados en su vida cotidiana. No eran expertos en religión ni modelos perfectos. Y, sin embargo, lo dejan todo y lo siguen. Esa es la fuerza de la llamada de Cristo: cuando se le escucha de verdad, algo se mueve por dentro.

    También hoy Jesús pasa junto a nuestras orillas. Nos llama en medio del trabajo, de la familia, de las preocupaciones. Nos llama tal como somos, pero no para dejarnos igual, sino para transformarnos. Ser “pescadores de hombres” significa llevar esperanza, fe, consuelo y verdad a un mundo que muchas veces vive en tinieblas.

    San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que esta misión solo puede vivirse desde la unidad. Las divisiones, los orgullos y las rivalidades oscurecen el Evangelio. Cristo no está dividido. Seguirlo implica aprender a caminar juntos, como Iglesia, poniendo a Jesús en el centro y no a nosotros mismos.

    Pidamos hoy la gracia de escuchar la voz de Jesús, de tener el valor de convertirnos y la generosidad de seguirlo. Que su luz ilumine nuestras sombras y nos haga testigos creíbles de su Reino.

II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 


Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Del evangelio según san Juan.
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo". Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». Palabra del Señor.

    El Tiempo Ordinario no es un tiempo “sin importancia”, sino el tiempo en el que aprendemos a descubrir a Dios actuando en lo cotidiano de nuestra vida. Y en este segundo domingo, la Palabra nos presenta una pregunta fundamental: ¿quién es realmente Jesús para nosotros?

    El Evangelio de hoy nos muestra a Juan el Bautista señalando a Jesús y diciendo con claridad:
“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
No dice: “este es un gran profeta”, ni “este es un líder político”, ni siquiera “este es un maestro admirable”. Dice algo mucho más profundo: Jesús es el Cordero, el que entrega su vida, el que carga con el pecado, el que viene a salvar.

    Juan no habla desde rumores ni suposiciones. Él da testimonio de lo que ha visto: el Espíritu que desciende y permanece sobre Jesús. Por eso puede afirmar con firmeza: “Este es el Hijo de Dios.” La fe cristiana nace precisamente de este testimonio: no de ideas abstractas, sino del encuentro con una persona viva.

    La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos ayuda a comprender mejor esta misión. El siervo del Señor no es llamado solo para sí mismo, sino para ser luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra. Esto se cumple plenamente en Jesús, pero también nos incluye a nosotros. Todo bautizado participa de esta misión: ser luz, ser testigo, señalar a Cristo con la propia vida.

    San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda algo esencial: hemos sido llamados a ser santos. No es un privilegio reservado a unos pocos, sino una vocación universal. La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir lo ordinario con amor, coherencia y fidelidad al Evangelio.

    Volviendo al Evangelio, hay un detalle muy importante: Juan el Bautista no se pone en el centro, sino que señala a otro. Su alegría es que Jesús crezca, aunque él disminuya. Esto nos interpela profundamente en un mundo donde muchas veces buscamos reconocimiento, aplausos o protagonismo. El cristiano auténtico no se anuncia a sí mismo, sino que conduce a otros hacia Cristo.

    Hoy el Señor nos pregunta, en lo más hondo del corazón:
    ¿Reconozco a Jesús como el Cordero que quita mi pecado? ¿Me dejo salvar por Él o sigo cargando mis propias culpas sin confiar en su misericordia?¿Soy testigo de Cristo en mi familia, en mi trabajo, en la sociedad?

    Que en esta Eucaristía, al escuchar de nuevo “Este es el Cordero de Dios”, no sea solo una fórmula litúrgica, sino una confesión sincera de fe. Acerquémonos a Jesús con humildad, dejemos que Él quite nuestro pecado y permitamos que su luz ilumine toda nuestra vida

XXXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!

Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
"¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!".
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
"Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas".
Pero las prudentes contestaron:
"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis".
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: "Señor, señor, ábrenos".
Pero él respondió:
"En verdad os digo que no os conozco".
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora». Palabra del Señor.
    Nos estamos acercando al final del tiempo litúrgico y ya las lecturas de estos domingos nos van preparando a ello. Hoy nos encontramos con la parábola de las vírgenes prudentes en contraposición a las vírgenes necias.
    Una cosa es segura que el Señor vendrá y que nosotros no conocemos ni el día ni la hora por eso nos apremia el Evangelio a estar preparados.
    Esta parábola es muy conocida por todos pero aún así debemos de sacar unas pinceladas para nuestra vida a la espera del Señor.
    La primera idea de este domingo podemos encontrarla en la esperanza, "el esposo tardaba" nos dice el evangelio, pero llega. Nos invita a descubrir la esperanza en Él, a no dejarnos vencer por el sueño o por todo aquello que nos separe de esa esperanza. 
    Nuestro mundo actual está acostumbrado al aqui y ahora, al momento, la fe en Dios necesita de la esperanza para poder ir caminando al encuentro del Señor puesto que no sabemos cuando va a suceder. 
    A partir de aquí también se nos descubre como es la luz que ilumina nuestras oscuridades, para poder ir iluminando también las oscuridades de los demás. Y por último, se nos invita a reconocer al esposo-Cristo en medio de nuestro mundo, si así lo hacemos Él nos reconocerá como algo propio y podremos entrar al banquete de bodas.
    






XXX Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

 Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Palabra del Señor-
    En este domingo nuevamente nos encontramos que ponen a prueba a Jesús, toda la vida del Maestro es una prueba. El domingo pasado la prueba fue contra el poder romano, "pagar al Cesar o no", como no pudieron con él los saduceos, hoy los fariseos, vuelven a confabular en el ámbito religioso, "cuál es el mandamiento principal de la Ley".
    La respuesta que da Jesús es el amor, una respuesta razonada, como buen judío, si Dios es amor y nos ama sin limites, la respuesta ante Dios es devolverle el amor, pero da un paso más "y al prójimo como a ti mismo". Esta respuesta no es extraña para nosotros puesto lo que aprendemos en los mandamientos, ¿pero tenemos experiencia de ello?, ¿somos conscientes que Dios nos ama en Jesucristo y que a su vez nosotros manifestamos este amor en los demás?.
    Este fue el pecado de los fariseos, no acoger el amor de Dios en sus vidas, "misericordia quiero y no sacrificios" le diría en más de una ocasión el Maestro. Al no abrir sus corazones a Dios no eran capaces de transmitir ese amor al prójimo. En muchas ocasiones Jesús le recrimina esto.
    Hoy al igual que entonces Jesús nos dice lo mismo, ¿sois capaces de recibir el amor de Dios en nuestras vidas? ¿Veis en el prójimo el rostro misericordioso del Padre?. Gran camino el que nos ofrece Jesús este domingo para recorrerlo junto a Él y dar respuesta a estos interrogantes. No tengamos miedo en recibir este Amor divino y manifestarlo en medio del mundo tan necesitado de Amor.

XXIX TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Palabra del Señor.
    Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Podemos decir que esta afirmación es el resumen y la clave de este Evangelio. Dad a cada uno lo que le corresponde, la justicia.
     "¿Es lícito pagar impuesto al César o no?" ¿De dónde viene y el porqué de la pregunta? Viene de los poderes de aquella época y el objetivo es ponerlo a prueba. Los sumos sacerdotes, escribas y fariseos habían entendido las parábolas anteriores, que se referían a ellos, por lo que buscaban acabar con Él.
    Ahora bien, también nosotros podemos hacer lo mismo. ¿Cuántas veces le hemos preguntado a lo largo de nuestra vida a Dios para ponerlo a prueba? Y quizás también la respuesta haya sido la misma.
    En cuanto dad al César... lo podemos tener claro, dad a la sociedad aquello que es necesario para el buen funcionamiento de la misma, desde que el hombre es hombre siempre ha sido así de una u otra manera. En lo referente a Dios ¿qué podríamos decir? ¿lo mismo?, seguro que no, pues depende de la experiencia y referencia que tengamos nosotros respecto a Dios.
    El sentido de la vida, la familia, la religiosidad, la gratuidad, todo aquello que emana de Dios, lo veremos de una forma distinta según, como digo, la experiencia de cada uno. Dios no es subjetivo sino objetivo, desde ahí si que podemos dar una respuesta global, experimentar que todo lo que tenemos y somos viene de Él y por lo tanto todo le pertenece a Él como nos dice el apóstol Juan.
    Descubramos a Dios en nuestra vida y seamos generosos a su llamada e invitación, como lo hemos visto en domingos anteriores para darle a Dios lo que le corresponde que no es ni más ni menos que todo nuestro ser.

XXVIII TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

Del evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda".
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda".
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Palabra del Señor.

    Nuevamente nos encontramos a Jesús hablando  en parábolas, hoy nos invita a una boda. Y no nos extraña esta actitud suya, pues en domingos anteriores también lo ha posibilitado. La invitación de hoy es una boda, quiere hacer alianza con su pueblo.

    De nuevo, nos encontramos que los dirigentes del judaísmo rechazan la invitación al banquete de bodas. Jesucristo, hacedor de la nueva alianza, también se dirige a ellos obteniendo la misma respuesta, por eso sale a los caminos e invita a todos. Esa invitación llega a todos nosotros, es universal en el tiempo y en el espacio.

    Para los judíos celebrar un banquete de bodas es hacer fiesta, el Maestro quiere hacer fiesta con nosotros pues Él es el novio y nosotros los invitados que formamos el cuerpo de su esposa que es la Iglesia, ahora bien, también podemos caer en el mismo error, no aceptar la invitación. Si es así, ¿cuál es la excusa? Dejemos que nos toque el corazón, aun cuando estemos al borde del camino; en nuestra propia situación, quiere hacer fiesta y alianza, seamos generosos y aceptemos. 

     

    

    


XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CILCO A

 

Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.
Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». Palabra del Señor.
    El evangelio de este domingo nos habla de la vida misma, de nuestra vida y nuestro actuar. Parece que se pone de manifiesto algo tan deseado y necesario para el hombre como es la libertad, o  más bien del momento de elegir cualquier cosa, que a lo largo de todo el día estamos siempre llevando a cabo.
    Hoy Jesús con el termino de "hijos" quiere que nos planteemos qué tipo de hijo soy yo ante Dios. No es cuestión de bueno o malo,  quiere que descubramos qué opción tenemos ante Dios, mediante las palabras y los hechos. Esa es la lucha continua de Jesús con sus contemporáneos y también con nosotros mismos. "Si no creéis en mí, al menos creed a las obras".
    Nos encontramos con dos hijos, uno que dice pronto "sí voy" y al final no cumple su palabra, el otro que no accede la petición del padre y al final obedece y va. La explicación la podemos tener muy clara, los sumos sacerdotes, fariseos y ancianos que están continuamente en el Templo pero a su vez están muy lejos de Dios, como dice Jesús en varias ocasiones, los otros hijos que creen que están muy lejos de Dios según los anteriores para Jesús están tan cerca de Él que acogen su Palabra y lo siguen.
    Hoy se nos invita a descubrir desde nuestro interior que tipo de hijos somos, podemos pensar que con ser cristianos es suficiente, rezo, voy a misa, lo normal como diríamos, pero nuestro corazón puede estar muy lejos de Dios o al contrario cuantos alejados podemos pensar que hay, pero su interior está justo ante Dios y lo hacen presente en su vida.
    Lo importante tanto para el uno como para el otro no es posicionarnos ante Dios, sino más bien dejar que el mismo Dios haga de nosotros hombres nuevos siendo capaces de hacerlo presente en medio de nuestro mundo. Que nuestro sí sea un sí como el de María ahora que comenzamos el mes de Octubre, y como tantos hermanos nuestros que con su sí manifestaron con su vida el amor de Dios, tanto con sus palabras como son su obras.
    Dejemos que Él venga a nosotros para que nosotros con la fuerza de su Espíritu vayamos hacia Él y así sea el mismoTodo para todos.

XXIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
"Págame lo que me debes".
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré".
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?".
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Palabra del Señor
    El domingo pasado Jesús nos salía al encuentro con la corrección fraterna, terminando con la oración y la unión de los hermanos para hacerle presente en medio de nuestro mundo.
    Hoy partimos con la pregunta que le hace Pedro a Jesús y qué para nosotros es algo importante o al menos inquietante. ¿Cuántas veces tengo que perdonar, hasta siete veces?. con esta pregunta ya descubrimos que Pedro tiene largueza, va cambiando la tesis del  "ojo por ojo o diente por diente", es decir, va cambiando la actitud de la idea vengativa.
    La respuesta de Jesús la podemos entender como mucho mas superior, hasta setenta veces siete, esto quiere decir que siempre. Cristo quiere que busquemos la perfección del perdón en nuestra propia paciencia y compasión con el otro, Él quiere que perdonemos siempre.
    La parábola de este evangelio es clara, quiero que me perdonen lo mucho o poco que haga, pero no soy capaz de perdonar al otro lo poco que tiene. Muchas veces tratamos a los demás con un rasero distinto al nuestro casi siempre más estrecho. Con el Padrenuestro oramos, "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", en esta petición ante Dios, ponemos de manifiesto nuestra actitud del perdón, que así estamos dispuestos a llevarlo a cabo, pero no ocurre así en muchas ocasiones.
    Pidamos a Dios que nos revista de la paciencia y compasión necesaria para que de esta forma podamos ejercerla con el prójimo y así vivir la alegría del perdón recibido y del perdón ofrecido a aquel que nos ofende.
    

XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 

 Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Palabra del Señor.
    En este domingo, Jesús nos presenta el mal comportamiento y la corrección fraterna dentro de la comunidad cristiana, actitudes que van casi de la mano. Nos habla de una situación que no estamos ya acostumbrados a pensar, en el pecado, la ofensa que hacemos hacia el hermano y hacia Dios. Muy a menudo escuchamos que no tenemos pecado, por lo tanto creemos que todo lo hacemos bien, o nos justificamos para quitar de nosotros toda lacra que lleva consigo el mal.
    Pues el Maestro nos invita con este evangelio a que profundicemos en ello  y descubramos en nuestro interior las situaciones que nos llevan a experimentar el pecado.
    Como respuesta aparece en el texto evangélico la corrección fraterna, que la podemos entender como corregir aquello que esta torcido o viciado. Pero tenemos que considerar dos actitudes, la del que corrige y la del que es corregido, ambas están necesitadas de perdón y humildad: la una, para que a la luz del Espíritu pueda iluminar la corrección y no hacer daño a aquel que es corregido, ni hacerle sentirse humillado; la otra, la del que recibe la corrección, también debe de estar iluminada de humildad y acogida para aceptarla. Aquí tenemos que recordar las palabras de Jesús: ¿Cómo pretendes sacar la mota del ojo del tu hermano, teniendo una viga en el tuyo? El corregido puede rechazar la corrección por falta de humildad propia o del que corrige. Por ambas partes se necesita un grado de madurez humana no fácil de alcanzar.
    El camino que nos ofrece Jesús ante esas situaciones la encontramos en la última parte del Evangelio, la oración ante Dios y la responsabilidad mutua. Por lo tanto, el Maestro nos pide que estemos unidos a Él por la oración y sobre todo que seamos capaces de ser corresponsables los unos para con los otros desde la caridad y la cercanía, desde ahí podremos hacer presente a Jesucristo en medio de nuestro mundo.
 

XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

 

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo.
Del evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Palabra del Señor.
    El domingo pasado el Maestro nos preguntó que ¿quién era para nosotros Él? y esto significa que la vida de todo cristiano en un responder a esta pregunta, en todo momento y en todas las situaciones. Pedro respondió bajo la luz del Espíritu que "Jesús es el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
    Este domingo podemos descubrir también la posición de Pedro ante el anuncio que le hace Jesús subiendo a Jerusalén, allí en Jersusalén Jesús será ejecutado en manos de los sumos sacerdotes, escribas y fariseos, ante este anuncio Pedro se opone a la decisión del Maestro, y este le reprende "apártate de mí Satanás que piensas como los hombres, no  como Dios".
    En estos relatos descubrimos el pensar de Dios y el pensar del hombre, cuantas veces nosotros también hemos dicho lo mismo: "Tú eres el Hijo de Dios", o  nos hemos opuesto al plan de Dios, cuando no hemos aceptado, en muchas ocasiones, dentro de nuestro interior lo que nos sucede. Esa es la realidad de todo discípulo de Cristo, por lo tanto de todo cristiano.
    Ante estas posiciones Jesús hoy nos invita a tomar la Cruz, la suya y la nuestra. En la suya aquel que acepta su seguimiento encontrara una cruz, sí, pero una cruz de perdón, misericordia, fortaleza, vida, todo aquello que Él mismo nos ofrece cada día, una cruz Gloriosa, estar crucificados con Cristo nos convierte en otros cristos en medio de nuestro mundo.
    O al contrario, si no aceptamos la cruz de Cristo estamos llamados a vivir nuestra propia cruz, de derrota, de desconsuelo, fracaso, toda cruz que no está iluminada por la de Cristo, se convierte en una cruz de sufrimiento y de muerte, una cruz sin sentido.
    Hoy nuestro mundo está más inclinado hacia su propia cruz y olvida la cruz que nos ofrece Cristo, que no es otra cosa sino la entrega y el servicio para lo demás, como Él lo hizo que se entregó sin límites hasta el final. Vivamos con esperanza la subida hacia Jerusalén para que nuestra vida este siempre unida a la vida del Maestro en el servicio a los demás.

XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO, CILCO A

 

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.
Del evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Palabra del Señor.
    El domingo pasado nos encontrábamos con la figura de la mujer cananea, mujer pagana a la que no le pertenecía el pan de los hijos, pero sin embargo supo apropiarse de las migajas que caían de la mesa de los amos, y el Maestro alabó la fe de esta mujer, "que grande es tu fe, que se cumpla lo que has creído".
    Hoy Jesús se presenta ante sus discípulos para preguntarle "¿quien dice la gente que es el Hijo del hombre?".  La pregunta por parte de Jesús bien podría tener varias direcciones: saber como va su obra, la misión que el Padre le encomendó; o bien, comprobar si los discípulos entendían el camino que les ofrece día a día. Y la respuesta que les da los discípulos así lo manifiesta "la gente dice....", pero "y vosotros que decís..."
    Este evangelio siempre llama la atención del que lo lee porque sin quererlo también se siente interpelado por el Maestro, ¿y tú, quien dices que soy?.
    En nuestro mundo actual, tocado muchas veces por la falta o debilidad de la fe, sería difícil responder, ya que ni por cultura o conocimiento desde la razón sería capaz; me llama la atención cuando escuchamos en concursos alguna pregunta acerca de la religión y esta casi siempre es respondida erróneamente, y me viene el interrogante, qué lugar ocupa Jesús en nuestra vida para que no seamos capaces de responder ¿quién es Él para mí, o más bien que lugar ocupa en mi vida?. 
    Solamente si respondemos afirmativamente como Pedro, con la palabra y la profesión de la fe manifestada en las obras estaremos respondiendo positivamente a esta cuestión, pues el Espíritu Santo estaría dentro de nosotros y manifestaríamos a Jesús en medio de nuestras vidas.
    Hoy nos invita el Maestro a descubrirlo, a redescubrirlo en cada uno de nosotros para que por medio de su luz podamos vivir en plenitud el mensaje del Evangelio que no es otra cosa sino hacerlo como digo presente en medio de nuestra vida. Hagámoslo y así seremos dichosos y felices pues seriamos instrumentos del Padre como fue la confesión de Pedro, !tú, eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!.
    

XIX TIEMPO ORDINARIO.CICLO A


Mándame ir a ti sobre el agua.
Del evangelio según san Mateo.
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios». Palabra del Señor.
    El evangelio de este domingo está lleno de signos y significados para nosotros, porque ya en sí mismo nos habla de eso, de la vida de cada uno respecto a Dios y al hombre.
    Lo primero que descubrimos lo encontramos en el inicio del evangelio, "ya que la gente se había saciado", Jesús les había dado de comer, es decir, ya se ha producido el milagro de los panes y los peces. Jesús no solo les dio el alimento corporal sino también espiritual, su palabra: "no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Desde aquí podemos preguntarnos como nos alimentamos de Dios, o mejor dicho, que alimento tomamos de la mano de Dios.
    Si somos capaces de descubrir cual es el alimento de Jesús, que no es otro sino cumplir la voluntad de su Padre, podremos vislumbrar en nuestra vida que nuestro alimento es el mismo, cumplir con lo que Dios nos dice, es decir, buscar el sentido de vida pero desde Dios. Este alimento solo lo podemos encontrar por medio del encuentro con Él en la  oración.
    Vivimos en un mundo en el que parece que todos vamos en soledad, cada uno por su lado, Jesús quiere que nuestra vida, nuestro caminar sea en comunidad, lo descubrimos todos los días que nos acercamos a la  Escritura, Él está siempre rodeado de gente que lo buscan. Esa es la barca, y en esta barca, como nos dijo hace unos días el papa Francisco, cabemos todos, y sobre todo tal como nos quiere Dios. 
    Pero nos puede suceder como a Pedro que no seamos capaces de fiarnos de la Palabra dada por Dios, no tengamos la fe suficiente para reconocerlo incluso en nuestras oscuridades, o que tengamos miedo a acercarnos a Él por nuestras debilidades y miserias. 
    En nuestros días necesitamos muchas manos que nos levanten y nos ayuden a vivir con dignidad y respeto, que nos ayuden a descubrirnos y a encontrar nuestro camino no solo cristiano sino también humano. Dejemos que la mano cercana de Cristo y su palabra fortalecedora nos levante incluso en medio de las oscuridades para que podamos ser portadores de esperanza y fuerza alentadora para otros. 
    Hoy también Jesús nos invita a ir hacia Él y nos dice VEN, ven a mí los que estáis cansados y agobiados, venid a mí y os llevare a verdes pastos, ven y palpadme, ven y abre la puerta de tu corazón para que entre y pueda compartir mi vida con la tuya. Ven Señor y llénanos de tu amor.