BAUTISMO DEL SEÑOR -C-




 
DOMINGO III DESPUÉS DE NAVIDAD  -C-
 
Domingo después del 6 de enero
 
 
 
 
PRIMERA LECTURA
 
Lectura del libro de (Isaías 42, 1‑4. 6‑7
Mirad a mi siervo, a quien prefiero
 
Así dice el Señor: 
*Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. 
Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. 
No gritará, no clamará, no voceará por las calles. 
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. 
Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, 
hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. 
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, 
te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. 
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, 
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.+ 
Palabra de Dios.
 
REFLEXIÓN
 
“NOSOTROS VAMOS EN OTRA DIRECCIÓN”  
 
            Las palabra de Dios nos hace hoy una invitación un tanto desconcertante: nos invita a que le pongamos atención a algo que jamás se nos ocurriría prestarsela: Dios nos presenta al libertador de la humanidad, a quien Él ha elegido y sostiene; además nos advierte: no va a funcionar según nuestros esquemas: no viene con poder económico, ni guerrero, no tiene bombas atómicas, ni ejercito, ni tiene en sus manos los medios de comunicación para  lavar el cerebro a la humanidad… ¡No! “Él no gritará, no clamará, no voceará por las calles.  La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará...” y es así como va a establecer el derecho, la justicia y la verdad en la tierra, va a traer la recuperación a todos los desvalidos  y va a ser reconocido por todas las naciones.
            La verdad es que nos quedamos a cuadros -como se suele decir- pues nosotros vamos por otros caminos completamente distintos: nos peleamos y nos disputamos a un señor que va a venir a hacer una gran inversión en una zona y, estamos dispuestos a cambiar hasta las leyes para que se sienta a gusto y seguro. Esperamos y apoyamos a un partido para que siga haciendo lo mismo que los demás, seguimos pensando que la banca es la base y fundamento de la paz y la estabilidad de un país… y ahora viene Dios diciendo que la salvación no viene por ahí, sino por la sencillez, por la debilidad, por la humildad… sin romper nada, sin gritar ni andar con demagogias, respetando al débil, alentando a los que han perdido la esperanza y la ilusión por vivir…
            Y cuando lo pensamos despacio, nos damos cuenta que realmente es por ahí por donde va la salvación, pues por donde nosotros creemos, ya tenemos archicomprobado que siemre lleva a la destrucción y a la angustia:   
            No obstante, seguimos pensando y confiando que solo esos que poseen el poder de las armas, del dinero, de la convicción y manipulación de la sociedad, son los únicos que pueden arreglar todo esto.
            Los cristianos tenemos una grave obligación: dar testimonio con nuestras palabras y con nuestra vida de que Dios está presente entre nosotros, actuando y haciendo que nos sintamos felices viviendo de una forma distinta a como propone el mundo; de todas formas, el gran testimonio que estamos obligados a dar está basado en una forma solidaria y de justicia con lo smás débiles, pues es desde ellos, donde Dios se hace presente y salva.
           
 
Salmo responsorial  28, la y 2. 3ac4. 3b y 9b‑10 (R.: 11b)
 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
 
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
 
La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.  . 

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: *(Gloria!+
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
 

SEGUNDA LECTURA
 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34‑38
Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo 

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 
-“Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”  Palabra de Dios. 

 

REFLEXIÓN 

“PASAR HACIENDO EL BIEN” 

            El anuncio de Pedro es claro: Dios ha venido para salvación de todos y no hace distinción de  lengua, raza, cultura, nación… El esquema cerrado del antiguo pueblo se ha terminado, no se puede seguir en esa tesitura, creyéndose el centro del mundo.
            Esta lección debemos cogerla todos, pues nos viene como anillo al dedo en tiempos y en momentos en los que cada uno suele sentirse dueño de la verdad y se convierte en referente absoluto para si mismo
Lo único que delante de Dios va a tener fuerza, va a ser la postura que hayamos cogido de aceptación de SU proyecto practicando la justicia, que consiste, precisamente, en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo, y cerrazón que impida el que nos podamos encontrar con el otro que nos necesita.
            Jesús se presenta como el gran referente para la vida: “Pasó haciendo el bien”, que es el esquema y el programa de vida de todo cristiano y de toda persona que siente dentro de si la dignidad de ser humano.
 

Aleluya . Mc 9, 7

Se abrió el cielo, y se oyó la voz del Padre:
*Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.+ 
 

EVANGELIO
 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 15‑16. 21‑22
Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo 

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: 
-“Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.” 
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: 
C*Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.+ 
Palabra del Señor.
 

“JESÚS REALIZA LO QUE JUAN ANUNCIA”     

            Cuando oimos gritar a Juan diciendo que hay que preparar el camino al que viene detrás y, para ello hay que convertirse: que hay que hacer un cambio en la vida… y lo vemos cómo arremete contra los  publicanos, contra los fariseos, contra los soldados y contra el pueblo… pero el cambio que pide, es a una naturaleza dañada que le faltan todas las fuerzas para realizarlo.
Juan exige la JUSTICIA, pero le falta la misericordia: la fuerza para ese cambio ha de venir de arriba, la ha de dar el Espíritu, ese que él reconoce que trae el que viene detrás de él y al que él no es digno de desatar la correa de su sandalia.
            De hecho Jesús lo escucha y, aunque no lo dice, sin embargo abandona las formas y su discurso no se hace hiriende, ni punzante, sino entrañable, que lleva al convencimiento desde la misericordia y el amor y, Jesús se vuelve del desierto y en lugar de irse con Juan, se une a la gente: se va a vivir a Galilea, al lado de los que sufren y es desde ahí, al lado de los que sufren, donde muestra cómo se siente a Dios como el Padre Bueno que acoge, que no condena, que no habla de castigos, que no rompe lo que está machacado, sino que lo anima a levantarse; no apaga el fuego que está a punto de extinguirse, sino que se acerca a alentarlo…
            Jesús no grita, sino que se une a los marginados y, desde ahí, procura hacer la vida más humana y fraterna y empieza a hacerle entender a la gente, con palabras sencillas, que Dios es el Padre, que solo busca la felicidad y la salvación de sus hijos… Este es el lenguaje, la forma y el mensaje de la nueva evangelización y no otro ni desde otro sitio.
            Jesús abandona, no solo el elnguaje de Juan, sino también la forma de vivir, haciéndole ver al mundo la bondad de Dios y se dedica a hacer gestos de bondad: Cura enfermos, abraza a niños de la calle, acoge a su mesa a pecadores y prostitutas, defiende a los pobres, toca a los leprosos. Jesús tiene claro que han de cambiar las cosas, pero el cambio empieza a realizarlo Él, pues la gente tiene que ver, sentir que eso es posible, que es real, que es una verdad palpable en su propia carne. Quien habla de un Dios bueno y no hace los gestos de bondad que hacía Jesús, sus palabras se quedan en el vacío, y su mensaje no es creíble.

 

 

EPIFANIA DEL SEÑOR -C-


  

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Isaías 60, 1‑6 
La gloria del Señor amanece sobre ti

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! 
Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. 
Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. 
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti;  tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. 
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. 
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. 
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor. 
Palabra de Dios. 

 

REFLEXIÓN
 

"DIOS NO ABANDONA A SU PUEBLO"    

La liturgia de hoy nos presenta un pasaje del profeta Isaías que se enmarca en la época que llaman de “restauración”: los israelitas fueron deportados a Babilonia y después de mucho tiempo, cuando vuelven a su tierra se la encuentran que todo ha sido destruido: Jerusalén, el Templo, todas las ciudades destruidas, los campos abandonados y la gran mayoría de ellos habían sido ocupados por extranjeros; las murallas de Jerusalén habían sido destruidas y el templo incendiado… Un auténtico desastre y ellos vuelven sin nada.
Cuando ven cómo ha quedado Israel y la situación en la que ellos se encuentran, se vienen abajo y se dan cuenta que es imposible arremeter con todo, entonces se dedican a ir reconstruyendo sus viviendas y a ocupar los pocos campos que quedan libres y a re componerlo todo.
Por el momento dejan a un lado la idea de reconstruir el templo, pero esto mismo es signo de la confianza que habían perdido en Yahvé y en su venida gloriosa.
Es ahí cuando Isaías vuelve a aparecer animando a su pueblo para que no decaiga, pues Yahvé no ha fallado ni ha dado marcha atrás, lo que están viendo no es más que el resultado de la opción que tomaron, si ellos cambian de actitud, Jerusalén volverá a ser una ciudad llena de luz y de fuerza y Dios hará de ella una nación grande respetada por todos los pueblos.
Pero Isaías sabe que Dios tendrá que meter su mano, pues el pueblo no está en condiciones de levantarse y anuncia que será el mismo Dios quien hará que cambien las condiciones y sean destruidas las fuerzas del mal que impiden que se establezca la paz.
 

Salmo responsorial Sal 71, 1‑2. 7‑8. 10‑11. 12‑13 (R.: cf. 11)

 
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. 

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.  

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.   

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan. R. 
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.   

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R. 
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. 

 
SEGUNDA LECTURA
 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2‑3a. 5‑6 
Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa
Hermanos: 
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. 
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio. 
Palabra de Dios.  
 

REFLEXIÓN

 

"DIOS ROMPE BARRERAS CON CRISTO"    
 

Cuando Isaías haba a su pueblo diciendo que Dios va a poner su mano y hacer que desaparezcan las fuerzas del mal que lo están aplastando tiene una visión más reducida concretizada en el pueblo que ha vuelto del exilio y se lo encuentra todo destrozado.
  Ahora S. Pablo, cuando se dirige a los efesios amplía la promesa y la salvación que Dios da no es solo para el grupito de judíos, sino para toda la tierra, no importa de qué pueblo o religión sean, pues según Pablo, el plan que Dios tiene es formar un solo pueblo, una sola comunidad de creyentes, un solo cuerpo, una sola iglesia capaz de darle fuerza y vitalidad a todo el universo, es la salvación que Dios ha traído en Jesucristo.
La gran noticia que Pablo presenta es justamente ésta: que la salvación que Cristo ha traído no es solo para un grupo, sino para todo el universo, los paganos son también miembros de ese gran cuerpo que Cristo ha querido formar, por tanto, en Él dios se ha revelado a toda la humanidad, que actúa en todos, que salva a todos y quiere reconciliar a todos los hombres.
 

Aleluya Mt 2, 2
Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor. 
 

EVANGELIO
 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1‑12
Venimos de Oriente a adorar al Rey
 
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. 
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: 
—“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.” 
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 
Ellos le contestaron: 
-“En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 
“Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: 
-“Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.” 
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. 

Palabra del Señor.

 

“SUPERAR LA CERRAZÓN" 

Todo la que venimos diciendo de la universalidad a la que se abre el mensaje que anuncia Pablo, lo vemos confirmado en la fiesta de hoy: LA EPIFANIA DEL SEÑOR.
S. Mateo expresa por medio de este relato simbólico el carácter universal de la salvación que ha traído Jesús; además, S. Mateo insiste en hacer notar el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como Rey de Israel, enganchado en la descendencia de David y, por tanto portador de la herencia y por eso describe hasta con detalles el lugar del nacimiento, para que quede claro que se ha cumplido lo anunciado en el A.T.
Por otro lado deja también claro y  lo acentúa como Cristo ha sido rechazado por las autoridades políticas y religiosas del país, mientras que ha sido reconocido y acogido por personas extrañas de oriente, es decir: del otro extremo de la tierra, con lo que se rompe el círculo cerrado en el que están metidos.
La celebración de hoy nos lleva a confesar nuestra fe en Dios que no se cierra a nadie, que acepta a todos los hombres de todas las razas, lenguas y culturas y religiones; que actúa en todos y que invita a todos los creyentes a tener ese mismo espíritu de apertura, que acoge, respeta y escucha
Gracias a Dios, en los tiempos que vivimos se han superado ya un montón de actitudes de cerrazón y con alegría la iglesia puede decir que abrió sus puertas y su corazón a todo el mundo, de forma que todos puedan sentirse no como extraños en ella, pero sí como amigos, como mínimo: respetados, escuchados, acogidos.
El problema no está siendo tanto por los que vienen de fuera cuanto por los de dentro, que son los que se sienten fuera, tal como ocurrió en tiempo de Jesús: fueron las autoridades religiosas y civiles las que se cerraron y no lo reconocieron y hoy son los que se salen y se avergüenzan de Él y de su salvación.

 

SAGRADA FAMILIA -C-



LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ


PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2‑6.  12‑14
El que teme al Señor honra a sus padres 

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.
El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros;
el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas.
La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.
Palabra de Dios.
 

REFLEXIÓN
 

EL MATRIMONIO, COMUNIDAD DE AMOR    

El  texto del libro del Eclesiástico, que nos presenta la liturgia de hoy, es un comentario a la norma establecida en la ley sobre el respeto que los hijos deben a los padres, es decir: el cuarto mandamiento. El autor quiere adecuar la sensatez y el sentido común con la ley dada por Dios, con lo que demuestra que no hay contradicción alguna entre ambas cosas.
Lógicamente, parte de un principio: todo hombre es hijo y en consecuencia está obligado a guardar un respeto sagrado a sus padres que son un colaboradores  de Dios, pues ellos transmiten la vida y ésta es un bien absoluto e irrenunciable.
La vida de todo hombre es un reflejo de la VIDA DIVINA y esta vida de Dios, se vive en comunidad, por eso, cuando Dios crea al hombre lo hace en pareja, lo hace VARÓN-MUJER, llamados por naturaleza a colaborar con Dios transmitiendo VIDA.
Éste es el fundamento más sólido de la familia y del matrimonio (oficio de la maternidad), sin esta realidad se hace imposible la continuidad del ser humano en la tierra. Este es el principio y fundamento de la creación del  HOMBRE hecho a imagen y semejanza de Dios: COMUNIDAD DE AMOR.
De esta realidad nace el hombre y, por tanto, se tiene como principio sagrado, como fuente de la vida y referente supremo de Dios; por tanto, los padres se convierten en un referente necesario y absoluto y su autoridad hay que entenderla como un diálogo de amor entre todos los miembros de la familia, a semejanza de Dios y no como una dictadura.
Si el referente es Dios, las relaciones de la familia han de ser semejantes a las relaciones de la Trinidad: el amor, el respeto, la escucha, la aceptación, la verdad, la justicia, la comunión… se convierten en principios básicos e intocables de la familia.
No obstante, esto que  en teoría aparece tan claro y evidente, a la hora de la práctica, ni en el tiempo del anciano Ben Sirá (s. II a. C.), ni en el de Jesús, ni en el nuestro se da, ya que los intereses humanos se imponen por encima, incluso, de la misma felicidad con la que soñamos todos y a la que todos estamos llamados como vocación suprema.
 

Salmo responsorial Sal 127, 1‑2. 3. 4‑5 (R.: cf. 1)


Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
 

SEGUNDA LECTURA
 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12‑21
La vida de familia vivida en el Señor 

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.
Palabra de Dios.
 

REFLEXIÓN
 

VIVIR EN COHERENCIA CON LO QUE SOMOS    

S. Pablo se dirige a los cristianos Colosenses y parte de un principio que considera irrefutable y necesario: han sido bautizados, son hombres nuevos que viven según la vida nueva que han recibido de Cristo. No se puede hablar a un cristiano desde otra perspectiva y, desde ahí, Pablo se dirige a dar algunas recomendaciones para la vida en familia: “el amor, es el ceñidor de la unidad consumada.”
La fuente de toda moral cristiana es la unión con Cristo Resucitado y, desde ahí afronta algo que es necesario y fundamental en la vida de convivencia humana: el perdón y la reconciliación para que pueda existir y fortalecerse la Paz en la familia y en la comunidad, pues ambas realidades  están muy unidas: una comunidad cristiana es una familia, pues en ella se han de dar prácticamente las mismas condiciones y valores.
La iglesia no es más que una familia grande, pero toda la relación eclesial se ha de basar en el amor, en la comprensión, en el respeto, en la escucha, en la tolerancia, en la justicia…lo mismo que en la comunidad familiar.
El momento que esto falla dentro de la familia, toda la relación se desintegra y cada uno camina por su lado. De la misma manera en la iglesia, el momento en que estos principios se pierden, cada uno tira por su lado y se construye su propia vivencia al margen de la comunidad, rompiéndose la unidad y la fraternidad.
 

Aleluya Col 3, 15a.  16a

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza.
 

EVANGELIO
 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41‑52
Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
-“Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados."
Él les contestó:
-“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa
 de mi Padre?”
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
Palabra del Señor. 

 

REFLEXIÓN
 

 

            Este domingo, la iglesia nos propone una celebración de algo que “en teoría” consideramos pieza clave y fundamento de la sociedad y del orden: LA FAMILIA.
            He puesto entre comillas el término “teoría”, porque entre lo que teóricamente defendemos y lo que prácticamente hacemos, hay una distancia tan grande, que da la sensación de que realmente no creemos en lo que decimos, o que hablamos de otra cosa cuando hoy nos referimos a la familia.
            De hecho todos criticamos los golpes que se le están dando a la institución FAMILIA y sostenemos que al desestabilizarla, estamos atentando contra las bases de la sociedad… ¡y es verdad!
            En tiempos de Jesús, también la familia era fundamento de aquella sociedad y todo estaba estructurado de tal forma, que el esquema de poder que se daba en la estructura social, se reproducía en la familia y se apoyaba en ella, quedando todo concentrado en el padre que era el que disponía de la vida de todos y, el que se le opusiera, podía tener hasta pena de muerte: “Cualquiera que maldiga a su padre o a su madre morirá”. (Lv 20,9)
            Jesús rompe esta estructura, pues entiende que la familia, lo mismo que la educación, no está para sostener los intereses de un sistema, concretamente el que  imperaba en el Israel de su tiempo y Jesús establece otros parámetros: no es la sangre ni la ley la que hace una familia, sino la que se va construyendo bajo los esquemas del amor, de la justicia, del respeto, de la escucha, de la acogida, de la verdad, de la libertad… que, en ningún momento niega ni rompe el principio natural de la sangre.
            Mirar a Nazaret como un referente de la familia, hemos de hacerlo desde estos esquemas y, por tanto, esto nos debe llevar a replantearnos también la familia que estamos manteniendo y sosteniendo y, sobre todo, la que estamos construyendo, para ver a qué responde: ¿Es nuestra familia un espacio donde se vive el respeto a cada uno de sus componentes y se tienen en cuentan los derechos y deberes de cada uno? ¿Se procura que nuestra familia sea el espacio donde todos se preparan y se entrenan en la construcción de una sociedad más justa, más humana, más libre… o, por el contrario, no se busca otra cosas que defender cada uno sus intereses? ¿Es la solidaridad, la paz, la fraternidad, la libertad, la unidad, la escucha, el diálogo, el compartir, la sensibilidad hacia el dolor de los demás, la compasión… el programa de acción de toda la familia o, no hay otro objetivo ni horizonte que la consecución de  un puesto en la sociedad desde donde se pueda ganar todo el dinero posible que  nos traiga la máxima comodidad sin tener en cuenta a los demás?
            Protestamos y nos revolvemos en contra de lo que se está haciendo con la FAMILIA… pero a nivel personal: ¿qué estamos haciendo con la nuestra? ¿Qué papel ocupa la fe en la transmisión del evangelio de Jesús? ¿Se habla de Jesús? ¿Se valora la vida interior? ¿Qué es lo que se transmite en nuestra familia: fe o indiferencia; comunión o individualismo, solidaridad o egoísmo; principios y valores eternos o un relativismo moral, religioso, ético y una falta absoluta de compromisos…?
            Una gran oportunidad para que pongamos a examen lo que decimos: que nos duele que se haya golpeado la familia, cuando a nivel particular estamos cada uno dándole todos los golpes posibles que la van destrozando.