DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR


CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA DEL SEÑOR EN JERUSALÉN



EVANGELIO 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos. Mc 11, 1-10

 

         CUANDO se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».
         Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta;
y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
«¿Qué hacéis desatando el pollino?».
         Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
«¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».

Palabra del Señor.

 

 

MISA

 

PRIMERA LECTURA

No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
(Tercer cántico del Siervo del Señor)

Lectura del libro de Isaías. Is 50, 4-7

 EL Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;

     para saber decir al abatido una palabra de aliento. 

Cada mañana me espabila el oído, 

     para que escuche como los discípulos. 

El Señor Dios me abrió el oído; 

     yo no resistí ni me eché atrás. 

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, 

     las mejillas a los que mesaban mi barba; 

     no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. 

El Señor Dios me ayuda, 

     por eso no sentía los ultrajes; 

     por eso endurecí el rostro como pedernal, 

     sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

 

“SERVIDORES DE LA VERDAD

            El profeta acepta la misión que el Señor le ha dado: ser portador de su palabra, de su mensaje, pero aceptar esto le va a exigir estar en constante actitud de escucha; cada mañana se ha de presentar para decir al Señor: “dime qué quieres de mi”, y con esa actitud se pone a disposición para hacer lo que le pida sin condiciones.

            Esta actitud que describe el profeta es la que tiene Jesús, sin resistencias de ningún tipo y es la actitud que Cristo pide a todos los que le siguen: ser capaz de dar la cara, no pasar haciéndose el loco, el que no ve, ni oye, el que no se entera de la realidad que tiene delante, sin darle rodeos y sin hacer lo blanco negro y viceversa.

            Esta actitud que presenta el profeta y que asume Jesús como suya y que pide a todos los que le siguen, no puedo evitar el acogerla yo para reflexionar cómo la asumo en mi vida y mirar cómo la estamos asumiendo dentro de la comunidad.

            En este momento no puedo volver la cara para otro lado y evitar la realidad que estamos viviendo en este Domingo de Ramos en el que Jesús, fiel a  esta actitud, se presenta en Jerusalén dando la cara, de frente, contra un sistema de explotación y de muerte que se está imponiendo y que le piden que se calle y no deje a la gente que grite.

            Él no se echa atrás frente a los que le insultan y le ofenden y le golpean. Hoy, con vergüenza estamos asistiendo a la cobardía de aquellos que en nombre de Jesus sostienen el sistema de muerte y ante las amenazas y las advertencias de los políticos se echan atrás y se callan ante el crimen que se está cometiendo.

 

Salmo responsorial

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.: 2ab)

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

        V/.   Al verme, se burlan de mí, 

                hacen visajes, menean la cabeza: 

                «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; 

                que lo libre si tanto lo quiere».   R/.

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

        V/.   Me acorrala una jauría de mastines, 

                me cerca una banda de malhechores; 

                me taladran las manos y los pies, 

                puedo contar mis huesos.   R/.

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

        V/.   Se reparten mi ropa, 

                echan a suerte mi túnica. 

                Pero tú, Señor, no te quedes lejos; 

                fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.   R/.

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

        V/.   Contaré tu fama a mis hermanos, 

                en medio de la asamblea te alabaré. 

                «Los que teméis al Señor, alabadlo; 

                linaje de Jacob, glorificadlo; 

                temedlo, linaje de Israel».   R/.

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

  

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses. Flp 2,6-11

Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

 CRISTO Jesús, siendo de condición divina, 

     no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; 

     al contrario, se despojó de sí mismo 

     tomando la condición de esclavo, 

     hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia,

     se humilló a sí mismo, 

     hecho obediente hasta la muerte, 

     y una muerte de cruz. 

Por eso Dios lo exaltó sobre todo 

     y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; 

     de modo que al nombre de Jesús 

     toda rodilla se doble 

     en el cielo, en la tierra, en el abismo, 

     y toda lengua proclame: 

     Jesucristo es Señor, 

 

REFLEXIÓN

 

“NO UTILIZAR EL PODER EN BENEFICIO PROPIO”

             La comunidad cristiana tiene presente la actitud de Cristo como referente para su vida: Él tiene en sus manos la posibilidad de hacer que todas las cosas sean de otra forma; Él podrá aprovechar del poder que tiene para hacer que su plan se realice con éxito de acuerdo a los esquemas que tiene establecidos  el sistema.

            Pero Cristo no se aprovecha del poder que tiene en beneficio propio, sino que prefiere quedarse al lado del hombre, al lado del último de los hombres: “tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres… se humilló a si mismo haciéndose obediente hasta la muerte”.

            Tener esa posibilidad en las manos y desperdiciarla, es considerado de tontos: adán no se pudo resistir a la tentación de ser como Dios y precipitó al género humano al abismo; es exactamente lo que hacen todos los que quieren aprovecharse y muerden la manzana del poder, llegan a sentirse como “dioses” incluso sobre aquellos que los auparon al trono, ni siquiera se consideran deudores de una confianza que se puso en ellos y confunden lo que deberían ser: servidores de una causa par la que se les puso y se instalan en un endiosamiento megalómano.

            El camino es completamente contrario: Cristo no muerde la “manzana” y su vida se convierte en salvación para todos, pues al vaciarse de si entra la potencia salvadora de Dios y hace que su vida y su persona se conviertan en expresión de la gloria de Dios.

 

Versículo antes del Evangelio

Cf. Flp 2,8-9 

Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

 Para la lectura de la historia de la Pasión del Señor no se llevan cirios ni incienso, ni se hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Esta lectura la proclama el diácono o, en su defecto, el mismo celebrante. Pero puede también ser proclamada por lectores laicos, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo. 

 Si los lectores de la Pasión son diáconos, antes del canto de la Pasión piden a bendición al celebrante, como en otras ocasiones antes del Evangelio; pero si los lectores no son diáconos se omite esta bendición.

 

EVANGELIO (forma breve)

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo. Mc 15, 1-39

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Cronista
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.
Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

Conducen a Jesús al Gólgota
C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

«Fue contado entre los enemigos»
C.
 y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

A otros ha salvado ya sí mismo no se puede salvar

C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C.
 Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
«Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C.
 El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

 
Palabra del Señor.

  

REFLEXIÓN

 

ANTE TODO LA PERSONA      

            En la vida de Jesús no lograron hacer que se doblegara a ningún partido, a ningún interés privado y menos aún a ninguna ideología política o religiosa, por eso terminó odiado por todos: fariseos, saduceos, sacerdotes, romanos…

            Todos quisieron tenerlo en sus filas, pero no se sometió a nadie, por eso, al final todos se pusieron de acuerdo aunque eran enemigos, para quitárselo de en medio.

            Para Jesús solo hubo un valor absoluto: LA PERSONA y, lógicamente, no toleró que se la atropellara con la injusticia, la exclusión, el atropello, o el desprecio y, por eso se puso del lado de los más débiles: los enfermos, los hambrientos, los marginados, los explotados, los despreciados, los maltratados… y no porque fueran los mejores, sino porque eran los más desprotegidos.

            Jesús no ha cambiado y hoy sigue identificándose con los que sufren: con los que han tenido que abandonar su tierra por culpa de los políticos y han tenido que huir de la guerra que han montado o por haberse puesto del lado de las grandes multinacionales que trafican con los alimentos y con la salud; Jesús se pone del lado de los que están sufriendo las consecuencias de todo el desorden mundial establecido por los servidores del dios dinero que exige la muerte como culto y no dudan en matar en nombre de la justicia y de la libertad.

            Nosotros, los creyentes en Jesús, no podemos encerrarnos en nosotros mismos, vivir en la intimidad un sentimiento espiritual y quedarnos tan tranquilos.

            Cuando miramos a Cristo, agredido, acusado injustamente, juzgado como un criminal y crucificado, tenemos que ver en su rostro el amor infinito de Dios al hombre y el rechazo absoluto a toda ideología, del tipo que sea, que humille o degrade al hombre.

 

DOMINGO V DE CUARESMA -B-


PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías. Jer 31, 31-34

Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados


YA llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—
Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo:
«Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Palabra de Dios.

 

REFLEXION

 

UNA LEY ESCRITA EN EL CORAZÓN     

             El profeta Jeremías, viendo cómo el pueblo rompe el compromiso que ha hecho con Dios, cómo una generación ya no recuerda lo que ha hecho la anterior e invalida todo, como si el compromiso que hace una generación se pudiera desconocer, despreciar y romper cuando se quiera por la siguiente, como si la historia comenzara con ella, despreciándose todo lo que se ha luchado hasta el momento… Esto es un absurdo inimaginable y el profeta siente que ha de llegar el momento en que Dios escribirá el compromiso y su alianza,  no en tablas de piedra, sino en el corazón de cada uno, donde no se borre ni se olvide y Él será su Dios  y ellos serán su pueblo.

            En la cumbre de los tiempos este acontecimiento llegó a realizarse: Cristo ha venido, Él se ha inmolado por nosotros, nos ha prometido su presencia que nos acompañará hasta el final de los tiempos con su Espíritu que nos ha inundado y nos ha llenado de su fuerza y de su gracia.

            Su ley, su vida ha quedado llenando nuestros corazones, pero el hombre sigue olvidándose y hasta oponiéndose a la presencia viva de Dios

 

Salmo responsorial

Sal 50, 3-4.12-13. 14-15 (R/.: 12a)

R/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

 

        V/.   Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
                por tu inmensa compasión borra mi culpa;
                lava del todo mi delito,
                limpia mi pecado.   
R/.

R/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

 

        V/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
                renuévame por dentro con espíritu firme.
                No me arrojes lejos de tu rostro,
                no me quites tu santo espíritu.   
R/.

R/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

 

        V/.   Devuélveme la alegría de tu salvación,
                afiánzame con espíritu generoso.
                Enseñaré a los malvados tus caminos,
                los pecadores volverán a ti.   
R/.

R/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

 

SEGUNDA LECTURA

Aprendió a obedecer; y se ha convertido en autor de salvación eterna

 Lectura de la carta a los Hebreos. Heb 5, 7-9


CRISTO, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.
Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

 

PUESTO EN EL MISMO NIVEL DEL HOMBRE     

 

            El texto nos adentra en lo más hondo del misterio de la encarnación: Dios se ha bajado para quedarse con nosotros, se ha hecho hombre y ha asumido por entero todas las consecuencias de la naturaleza humana, sometida a todas las limitaciones que su- pone vivir en esta carne mortal. Será desde ahí desde donde tiene que realizar la misión que le ha encargado el Padre.

            Jesús asume el dolor, el sufrimiento, y toda la complejidad de la naturaleza humana que es algo con lo que el hombre tiene que lidiar a diario; de esa manera, Jesús aprende a ser hombre y puede entender y comprender al hombre y de esa manera valorar, como humano, la grandeza de Dios para serle fiel, incluso en la mayor dificultad que el hombre tiene, para que nadie pueda sentirse excluido e incomprendido.

 

 

Versículo antes del Evangelio

Jn 12, 26

El que quiera servirme, que me siga —dice el Señor—,
y donde esté yo, allí también estará mi servidor
.

 

EVANGELIO

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Lectura del santo Evangelio según san Juan. Jn 12, 20-33


EN aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:
«Señor, queremos ver a Jesús».
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿Qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».
Entonces vino una voz del cielo:
«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».
La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

 

EL PROYECTO DE JESÚS      

 

            Nos cuenta el evangelio que Jesús se encuentra en un momento festivo en Jerusalén, donde hay mucha gente que ha venido para cumplir las obligaciones religiosas y, un grupo de judíos de lengua griega, que se han enterado que está allí, quieren aprovechar la oportunidad para saciar su curiosidad de conocer a “éste” de quien tanto se habla y se acercan a Felipe para pedirle que les presente a Jesús.

            Jesús no desaprovecha el momento y les hace caer en la cuenta de que hay muchas inquietudes que tenemos y que están llamadas a obtener una respuesta; entonces tiene un encuentro con el grupo a quienes deja desconcertados, pues no pretendían otra cosa que satisfacer su curiosidad, pero Jesús les toca directamente y les hace despertar de la situación de apatía y amnesia en la que se encuentran: no pueden esterilizar sus vidas preocupándose  constantemente de ellos mismos; si sus vidas no las emplean en hacer el bien, en construir la paz y la justicia, si no viven en la verdad, puede ser que disfruten de algunos placeres momentáneos, pero habrán perdido sus vidas, serán como el grano que se entierra y no deja que en su corazón germine la vida y la alegría.

            Jesús aprovecha el momento para enfrentarlos consigo mismos, para que se pregunten por el sentido de lo que hacen y de la vida que llevan.

            Esto es algo que nos ocurre a todos nosotros motivado por muy diversas circunstancias: una enfermedad, la muerte de un ser querido, el ejemplo de alguien que se enfrenta a la vida, un fracaso, un triunfo…

            Pero ante ese momento que nos genera una interrogante, la gente suele hacerse la loca y le da de lado, porque le va a crear un problema; otros se revuelven con rabia y se dedican a hacer daño queriendo enterrar esa voz; otros se atrincheran en una autodefensa y otros se abren a la confianza de Dios, se ponen en sus manos y se dedican a seguir sus indicaciones, convirtiéndose en una bendición allí donde llegan.

            De ahí que Jesús les diga al grupo de los griegos que no es un programa acertado el andar preocupándose por pasarlo bien y que no te falte nada, porque eso termina en el vacío y en la decepción.

 

DOMINGO IV DE CUARESMA -B-


PRIMERA LECTURA 


Lectura del segundo libro de las Crónicas. 2 Crón 36, 14-16. 19-23

La ira y la misericordia del Señor serán manifestadas en el exilio y en la liberación del pueblo

EN aquellos días, todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él había consagrado en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres, les enviaba mensajeros a diario porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió irremediablemente contra su pueblo.
Incendiaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén, incendiaron todos sus palacios y destrozaron todos los objetos valiosos. Deportó a Babilonia a todos los que habían escapado de la espada. Fueron esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió lo que había dicho Dios por medio de Jeremías:
«Hasta que la tierra pague los sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta cumplirse setenta años».
En el año primero de Ciro, rey de Persia, para cumplir lo que había dicho Dios por medio de Jeremías, el Señor movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:
«Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a ese pueblo, puede volver. ¡Que el Señor, su Dios, esté con él!».

Palabra de Dios.


SOMOS RESPONSABLES DE NUESTRO DESTINO    

 

            El autor del libro quiere hacer tomar conciencia al pueblo de la realidad que está viviendo: ve cómo se han corrompido desde los dirigentes políticos, religiosos hasta el mismo pueblo practicando abominaciones. Sin embargo, el Señor ha tenido paciencia y, en lugar de castigar al pueblo les envió profetas para que le advirtiesen de lo equivocado  del camino que habían cogido, pero el pueblo, en lugar de corregirse “menospreciaron sus palabras y se burlaron de los profetas y colmaron la ira del Señor hasta el punto que ya no hubo medios”

            El resultado de esta situación nos la presenta el texto en los versículos 19 al 21 en los que nos presentan la destrucción del reino de Judá dando la razón teológica de este desastre: la infidelidad a Dios y a su Alianza.

            La lectura del texto de hoy nos hace una llamada muy fuerte a replantearnos nuestra situación, pues no podemos reducirnos a leer el texto y pensar que es un mero recuerdo de algo  que ocurrió a un pueblo que se equivocó y cargó con las consecuencias de su error.

            Ese pueblo hoy es el nuestro, porque Dios sigue siendo el mismo; el compromiso no ha cambiado y la obligación sigue inamovible.

 

Salmo responsorial

Sal 136, 1-2. 3. 4-5. 6 (R/.: 6ab)

R/.   Que se me pegue la lengua al paladar
        si no me acuerdo de ti..

 

        V/.   Junto a los canales de Babilonia
                nos sentamos a llorar
                con nostalgia de Sión;
                en los sauces de sus orillas
                colgábamos nuestras cítaras.   
R/.

R/.   Que se me pegue la lengua al paladar
        si no me acuerdo de ti..

 

        V/.   Allí los que nos deportaron
                nos invitaban a cantar;
                nuestros opresores, a divertirlos:
                «Cantadnos un cantar de Sión».   
R/.

R/.   Que se me pegue la lengua al paladar
        si no me acuerdo de ti..

 

        V/.   ¡Cómo cantar un cántico del Señor
                en tierra extranjera!
                Si me olvido de ti, Jerusalén,
                que se me paralice la mano derecha.   
R/.

R/.   Que se me pegue la lengua al paladar
        si no me acuerdo de ti..


        V/.   Que se me pegue la lengua al paladar
                si no me acuerdo de ti,
                si no pongo a Jerusalén
                en la cumbre de mis alegrías.   
R/.
R/.   Que se me pegue la lengua al paladar
        si no me acuerdo de ti..

 

SEGUNDA LECTURA

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios. Ef 2, 4-10

Muertos por los pecados, estáis salvados por pura gracia

HERMANOS:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir.
Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.

Palabra de Dios.

 

REFLEXIÓN

 

DESAGRADECIDOS COMPULSIVOS     

            S. Pablo vuelve a recordar a los efesios la gran paciencia y misericordia que Dios ha tenido con nosotros habiéndole dado motivos sobradísimos para dejarnos a un lado soportando las consecuencias de nuestro error; sin embargo, ha optado por regalarnos el perdón y mantener firme el compromiso de salvación, aunque nos mereciéramos todo lo contrario, por lo que tenemos que reconocer abiertamente que no son nuestros méritos los que nos hacen ganarnos la salvación, sino que es un regalo que Dios nos hace, que deberíamos reconocer y estar agradecidos: “por pura gracia habéis sido salvados”.

            Sin embargo, la historia de corrupción se sigue repitiendo a través de los siglos en lugar de repetirse una historia de agradecimiento.

            Parece increíble que el hombre utilice siempre su libertad para optar por el mal antes que por el bien, y lo más triste es ver que al día de hoy no ha cambiado la tendencia en nada.

 

Versículo antes del Evangelio

Cf. Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan. Jn 3, 14-21

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él

«LO mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
Palabra del Señor.

 

REFLEXION

 

LA CRUZ  

 

            A las mismas puertas de la semana santa, creo de suma importancia detenerse a pensar sobre un objeto: LA CRUZ, cuyo sentido tenemos completamente cambiado y lo miramos desde otra óptica que no nos beneficia en nada.

            Por desgracia para nosotros, el sentido de la cruz lo hemos desviado, aunque más exacto sería decir que no lo hemos cambiado de su significado original: objeto de escarnio, dolor, hundimiento, carga de castigo…

            Por otro lado aparece otra realidad que, si la primera es triste, esta es vergonzosa: la cruz convertida en elemento de negocio y de espectáculo para turistas.

            Para otros, la cruz queda ahí como un objeto conmovedor que llega a tocar el corazón, pero que no incita a nada más que a un sencillo sentimiento de dolor.

            Y cuando miramos a Cristo lo vemos aplastado debajo de esa cruz aguantando callado por nosotros incitándonos a la conmiseración.

            La otra imagen que solemos coger de Jesús es la que nos presentaba la liturgia del domingo pasado: Cristo con el látigo en la mano fustigando a los fariseos a los comerciantes y a todos lo que habían convertido el templo en una cueva de ladrones; o lo vemos hablando con la samaritana, rompiendo todos los moldes y prejuicios sociales que mantenían distantes a unos de otros, cosa que Jesús pasó por encima y esto nos hace encontrarnos con una figura fascinante, pero nos estamos quedando a medias, tanto en una como en otra dimensión.

            El Sí definitivo de Cristo está en la cruz y esto no es un signo de triunfo, ni mucho menos, al contrario, la cruz es la derrota y la humillación más grande humanamente.

            Pues bien, no lo olvidemos: esta es la forma como Cristo presenta el triunfo de la salvación, lo mismo que la serpiente en el desierto: “parra que todo el que lo mire y crea, tenga por Él la vida eterna” –como nos dice S. Juan-

            Toda la vida de Cristo está en función de la cruz, en cuanto que a ella va a parar toda la actividad, quedando resumida en una humillación espantosa, a los ojos de todos. Es el grano de trigo que ha de pudrirse para dar fruto. Y es ésta la vida del cristiano, del que vive en el amor: dándose y entregándose hasta las últimas consecuencias, cosa que no queremos admitir.

            Vamos dando rodeos por un lado y por otro. Como los judíos, quisiéramos un Cristo triunfalista que nos diese honores y triunfos políticos, o como los griegos, quisiéramos razonarlo todo, pues lo que hay, no entra en nuestros esquemas mentales y raya hasta en el ridículo, pero por más rodeos que damos, la efectividad de Cristo no la encontramos sino en el amor= entrega hasta la cruz.

            La fe, desde esta dimensión tiene poco de agradable, pero muy a pesar nuestro, es el único sello de autenticidad que tenemos. Así, el mismo signo es el que juzga, pues ante él, los hombres se dividen y, solo el que lo acepta como es, será salvado. En cambio, aquellos que no quieren admitirlo se inventan otro Cristo, otro signo.

            A veces entran ganas de preguntar: ¿Por qué no escogería Cristo, como signo cumbre de su vida el momento que entró triunfante en Jerusalén? De esa manera podríamos hacer una división de los cristianos: los del domingo de Ramos y los del viernes santo: los que no pasaron del domingo de ramos y los que se quedan en el viernes santo y no llegan jamás a la resurrección.

            Creo que no hay que hacer muchos esfuerzos para ver esto reflejado en la vida, es cuestión de mirarnos a nosotros mismos y al ambiente que nos rodea:

                        -Ver si se rige tu vida por una norma evangélica: el amor, aún a costa de hacer el ridículo humanamente o, nos resistimos y por ahí no pasamos y preferimos dejar que nos lleve la corriente.

                        -Vemos que en la iglesia funcionan muchos grupos que tienen el apelativo de cristianos, pero ¿Cuántos tienen a Cristo como centro y Éste en la cruz?

                        -Pensemos en la educación que se nos da en casa, con una familia cristiana o entre la gente que nos rodea, que se tiene por cristiana… ¿Es el amor, la justicia, la verdad, la fraternidad, la solidaridad, el respeto…que es lo que representa esa cruz? O lo que mueve y se nos impulsa es al triunfo de los intereses del mundo?