II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO C

 

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea.

Del evangelio según san Juan.
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Palabra del Señor.
    Comenzamos este tiempo ordinario con un signo por parte de Jesús, el evangelista Juan, siempre llama signos a las actuaciones de Cristo, ya que Él mismo es el gran signo de Dios para nosotros. El término signo manifiesta mucho más de lo que representa, hoy ante las bodas de Caná tenemos que ver más de lo que se nos dice.
    Jesús va a una boda, como una de tantas, o como nosotros vamos en nuestro tiempo, pero ocurre algo distinto, a los novios les falta el vino. María, la mujer de la nueva alianza intercede ante Jesús por los novios y Jesús, nos cuenta el evangelista, convierte el agua en vino. Este es el signo.
    En este evangelio descubrimos que Jesús es el esposo de la nueva alianza que prepara el vino nuevo, aquel vino nuevo que lo beberá nuevamente en el reino de su Padre. Jesús esposo establece la alianza con el nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, todos nosotros.
    Esto nos llama a descubrir a Cristo como aquel que se entrega hasta el final y da la vida por su pueblo, aquel que nos purifica no con el agua de la purificación de los judíos, sino con su propia sangre derramada en la cruz. Que nos alimenta como esposo con su palabra y su carne inmolada, como nos dice María, "haced lo que Él os diga".
    Nos invita a participar en este pueblo con los dones que nos da el Espíritu Santo, para edificar su Cuerpo místico que es la Iglesia, aquella que prepara el banquete pascual hasta la venida de su esposo. 
    Pongamos nuestra esperanza en Jesucristo para que al igual que los novios de Caná podamos vivir en plenitud las bodas nupciales de Cristo y beber en el Reino de su Padre el vino nuevo preparado por Él.
    

DOMINGO DE BAUTISMO DEL SEÑOR

 

«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco»
Del evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». Palabra del Señor.
    Culminamos con este domingo el tiempo de Navidad con el Bautismo del Señor. Hoy Jesús se pone al lado del pecador para comenzar la misión: redimir al mundo del pecado. Hoy podemos descubrir cual es la misión de Cristo, como lo vemos en la primera lectura, con este misterio del bautismo del Señor él comienza su vida pública con el anuncio de la Buena noticia y nos invita a seguirle, puesto que Él nos bautizó con Espíritu Santo y fuego.
    Nos invita a reconocerlo en medio de  nuestro mundo y en la escucha de la Palabra, puesto que el Padre así lo dispone "en ti me complazco", nos invita a ser solo instrumentos como Juan el bautista, a preparar el camino. Nos invita a que recordemos nuestro propio Bautismo puesto que nacemos del costado abierto de Cristo en la cruz y nos convierte en misión, la misma que Él tuvo: dar a conocer el inmenso amor del Padre en medio de nuestro mundo.
    Vivamos en plenitud nuestro Bautismo y dejemos que Él sea manifestado en medio de la humanidad como el Cordero que quita el pecado, como siervo obediente hasta la cruz y como Juez y Señor de la historia que un día vendrá sobre las nubes del cielo.

IV DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C

 


¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Lectura del Evangelio según san Lucas.
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». Palabra el Señor.
    Celebramos el cuarto domingo de Adviento, lo que significa que esta muy cerca el Misterio de la Navidad. Hoy las lecturas y el evangelio nos hablan de este momento.
    Miqueas nos dice que de Belén la ciudad mas pequeña de Judá, nacerá el Salvador, cuando la que tiene que dar a luz dé a luz. Es Dios mismo el que va a nacer como nos dice la segunda lectura, Él se acerca al hombre en la propia humanidad del hombre para llevarlo hasta a Dios.
    Pero, la gran figura de este domingo es María, que después del acontecimiento de la Encarnación, se pone en camino para encontrarse con su prima Isabel y proclamar las grandezas del Señor.
    Hoy, Dios nos invita a hacernos pequeños para que este gran Misterio se adentre en nuestro corazón, nos pongamos en camino para anunciar a nuestro mundo las grandezas del Señor. Nos empuja a ponernos al servicio del mismo Amor para que todos preparemos el camino del Señor que ya está muy cerca y sobre todo que cuando nos encontremos en familia y amigos pongamos a Jesús en el centro del mismo para hacerlo presente y así el Dios de la paz este en nuestra vida para trasmitirla a los suyos.