DOMINGO XXVIII DEL T. O. -C-

PRIMERA LECTURA
 Lectura del segundo libro de los Reyes 5,  14‑17
Volvió Naamán al profeta y alabó al Señor

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño.
Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo:
—«Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de
Israel. Acepta un regalo de tu servidor.»
Eliseo contestó:
—«¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.»
Y aunque le insistía, lo rehusó.
Naamán dijo:
—«Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.»
Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN

LA FUERZA DE LA FE  

            El relato nos cuenta que Naamán, jefe del ejército de Aran, se le declaró la lepra y, una esclava israelita le cuenta que en su tierra hay un hombre a quien Dios siempre escucha y ella está segura que si él le pide a Dios que le cure, Dios se lo concederá.
            Siendo Siria un país enemigo de Samaría, Naamán confía en la fe de su esclava y se presenta ante Eliseo que le pide algo tan simple como ir a bañarse en el Jordán, hecho que Naamán encuentra ridículo y hasta ofensivo, pues cualquiera de los ríos de Siria es mucho más interesante que el Jordán, como si la grandeza del río o la calidad del agua fuera lo que le va a devolver la salud.
            Naamán se siente molesto y vuelve a su tierra y la esclava le vuelve a decir: “Te ha pedido algo muy simple, ¿por qué no lo haces? Si hubiera sido algo difícil…”
            Naamán recapacita y vuelve a confiar en la fe de la esclava: vuelve y hace lo que Eliseo le ha dicho; y “su carne quedó limpia como la de un niño”.
            Naamán entendió que no fue el río, ni el agua, ni el mismo profeta quien le devolvió la salud, sino Dios, y volvió para dar gracias, pero Samuel quiso también dejarle claro que Dios-Amor es completamente gratuito y la mejor acción de gracias o respuesta es el reconocimiento de su presencia en la vida, cosa que también entendió Naamán y quiso expresar llevándose tierra de Israel, indicando que el Dios de Israel es el único Dios verdadero a quien él adorará.
            Efectivamente, la fe de la esclava mueve la montaña de Naamán y le ayuda a ver con claridad; tal vez sea necesario en nosotros vencer la lepra del orgullo, de la avaricia, del afán de poder y de placer la que nos esté obcecando y no nos deje que actúe, sino nuestro propio criterio, por lo menos dejarle espacio a la fe de tanta gente buena que hace que este mundo siga manteniéndolo Dios en pie.
            El relato de la curación de Naamán puede ser también una imagen que hace referencia al bautismo: el hombre viejo, dañado con la lepra del pecado, es introducido con la intervención de la fe de los demás en el agua del bautismo de la que renace como un hombre nuevo: “como un niño recién nacido”. La única respuesta que se exige en ambos casos es el reconocimiento de quien, con la fuerza de su amor, nos hace hombres nuevos.
            De todas formas, interpretando lo que queramos, la realidad está ahí: hemos sido bautizados, nos sentimos infectados por todas las “lepras” que existen en este mundo… ¿Qué impide que recuperemos una vida nueva y reconozcamos a Dios como nuestra única salvación?

Salmo responsorial Sal 97, 1. 2‑3ab.  3cd‑4  (R.: cf. 2b)

R. El Señor revela a las naciones su salvación. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.
R. El Señor revela a las naciones su salvación. 

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
R. El Señor revela a las naciones su salvación. 

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R. 
R. El Señor revela a las naciones su salvación. 

SEGUNDA LECTURA
 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8‑13
Si perseveramos, reinaremos con Cristo

            Querido hermano: 
            Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. 
            Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
            Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. 
            Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo. 
Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN

MORIR VIVIENDO ES VIVIR AMANDO 

            Pablo continúa desarrollando el tema de la transformación que supone el encuentro con Cristo e invita a Timoteo a profundizar en él: vivir en Cristo, de acuerdo a la vida nueva que ha renacido en el bautismo, nos ubica en una situación muy concreta: hemos muerto con Él al pecado, a un estilo de existencia contraria al estilo que marca Jesús y nos hemos ubicado en su nivel: “Si con Él morimos, viviremos con Él”, es decir: “morir con Cristo” es “vivir amando”; morir al pecado es renacer a la vida, al amor, a la verdad, a la justicia, a la paz a la libertad y, vivir en esta dimensión, es estar muertos al pecado.
            Si no vivimos así, quiere decir que no hemos muerto y, por tanto, tampoco hemos resucitado. Aquí no caben medias tintas ni ficciones de ningún tipo: un muerto no puede dar signos de vida, ni al contrario. Como diría el mismo Jesús, las obras son las que dicen lo que somos y cómo estamos.

Aleluya   1 Ts  5, 18
Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.

EVANGELIO
 Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11‑19
¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

            Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: 
            -“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.” 
Al verlos, les dijo: 
            -“Id a presentaros a los sacerdotes.” 
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. 
            Éste era un samaritano. 
Jesús tomó la palabra y dijo: 
            -“¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?” 
Y le dijo: 
            -“¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado!”. 
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN
INCAPACITADOS PARA AGRADECER   

            La ley en Israel tiene catalogada la lepra como una de las impurezas más grandes que excluyen al hombre de los derechos más elementales de la vida social y religiosa, pues es considerada, incluso, un castigo de Dios por el pecado; de la misma manera la ley, el templo, las tradiciones se convierten en fines y no en signos o instrumentos con los que Dios actúa y existe el peligro de quedarse en el signo y no llegar al significado.
            Lucas quiere hacer tomar conciencia a la comunidad de este peligro y trae a colación estas 10 personas: 9 de ellas eran judías, una samaritana; los diez utilizaron la fórmula religiosa: “Ten piedad de nosotros”, pero tan solo uno reconoce el poder en Jesús y no en las leyes, el templo o los ritos acostumbrados; éste se vuelve alabando a Dios y “se postra ante Jesús dándole gracias”, los otros cumplen lo establecido por la ley y no  sienten ni deseo ni necesidad de volver y dar las gracias, es decir: los diez reciben el bien de la curación, pero solo uno reconoce que ha sido un regalo de Dios y que Jesús es el Mesías que les ha traído la salvación.
            Lucas hace hincapié en la decepción de Jesús ante la insensibilidad de aquellos 9 que no han sido capaces de reconocer el regalo que han recibido y el bien que se les ha hecho: “¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros 9?
            Los otros nueve dan la impresión de que se creen con el derecho a la curación por el simple hecho de pertenecer al pueblo de Dios, a la religión oficial; se cumple aquello de “Donde hay confianza da asco”.


DOMINGO XXVII DEL T. O. -C-


PRIMERA LECTURA




Lectura de la profecía de Habacuc 1 2‑3; 2, 2‑4

El justo vivirá por su fe



            ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? 

            ¿Te gritaré: “Violencia», sin que me salves? 

            ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? 

            El Señor me respondió así: 

            “Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. 

            La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. 

            El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.” 

Palabra de Dios. 



REFLEXIÓN

        

¿HASTA CUÁNDO, SEÑOR?   

            El pasaje que nos presenta la liturgia de hoy viene a mostrar algo que pertenece al sentir común del hombre de todos los tiempos que, ante la sinrazón, el sin sentido, el absurdo que se le quiere imponer… frente a esta situación al hombre le faltan las fuerzas y tiene la sensación de impotencia que se apoderan de él, entonces surgen espontáneamente las preguntas: ¿Pero cómo es posible esto? ¿Cómo se permiten estas locuras? ¿Cómo deja Dios que esto prospere y no lo para con su poder?

            El autor pertenece al s.VII aC. Es un hombre cercano al profeta Jeremías, que está viendo todas las incongruencias que se están dando y los absurdos que se imponen y les obligan a negar lo evidente y a comulgar con ruedas de molino.

            Habacuc se revuelve y exclama a Dios: “Señor, ¿Hasta cuándo vas a permitir todo esto? ¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar lo que estamos viviendo de violencia, de maldad?

            Las mismas preguntas nos surgen hoy día y sentimos ganas de decirle al Señor ¿Hasta cuándo vamos a mantener esta locura de creer que es progreso la destrucción de todos los valores y principios que nos han dado una identidad, que nos han hecho reconocer la grandeza de la persona y se la ha dotado de unos derechos sagrados? ¿Hasta cuándo se puede permitir la locura de llamar progreso a la destrucción de la libertad de expresión y la imposición de un pensamiento único que nos impide respetar la opinión de los demás?

            Se quiere tirar por tierra la fe en el Dios de la vida y del amor y dar cabida a religiones que odian todo esto y quieren barrer la fe en Dios y en Jesucristo que son los que han hecho que todo esto se consiga y han abierto el camino de la paz; en cambio quieren llamar “religiones de paz y concordia ” a las que tienen como programa el destruir todo lo conseguido     y en nombre de “dios” vienen asesinando, persiguiendo y desestabilizando el mundo, hasta el punto de asesinar a un sacerdote de 82 años mientras celebra la Eucaristía, graban el degüello y lo lanzan a las redes y nadie dice basta a esta barbarie, incluso hay profetas del cambio y del progreso que implícitamente aplauden todo esto.

            ¿Hasta cuándo, Señor, vamos a tener que aguantar tanta insolencia?



Salmo responsorial Sal 94, 1‑2. 6‑7. 8‑9 (R.: 8)




R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» 



Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R.

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» 



Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» 



Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. 

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» 



SEGUNDA LECTURA




Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     1, 6‑8. 13‑14

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor



            Querido hermano: 

            Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. 

            No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. 

            Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. 

            Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. 

            Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros. 

Palabra de Dios. 



REFLEXIÓN



CONFESAR A JESUCRISTO 

             S. Pablo invita a Timoteo a no dejarse llevar por el ambiente, antes bien, le invita a renovar cada día su adhesión a Jesucristo, su compromiso con la comunidad que le ha sido encomendada y su transformación interior que nació en él el día que le fueron impuestas las manos.

            Este reforzar y cuidar constantemente su identidad y su unión con Cristo es lo que le va a dar fuerzas para sostenerse y responder adecuadamente al compromiso contraído y a su nueva realidad de hombre renacido en el Espíritu.

            Pablo le pide que, al estilo de él, no se avergüence jamás de Jesucristo, del evangelio y de lo que hace, ni de él, ni del resto de compañeros que están dando la vida por la misma causa.

            De la misma manera, le pide que esté orgulloso de los principios y de la tradición que ha recibido.

            Ciertamente, el hacer todo esto y mantenerse en la fidelidad, lleva consigo un precio: el sufrimiento y la prisión, pues no es posible vivir en autenticidad si es que no se está dispuesto a ser coherente hasta la muerte, lo mismo que lo fue Él.

            Esta recomendación de Pablo a Timoteo resuena hoy para nosotros como un eco que tiene una actualidad enorme en una iglesia que se compleja y vive encerrada en sus esquemas, escondida y con miedo a decir abiertamente que cree en Jesucristo como su único salvador, que cree en el amor como la única norma de vida, junto con la verdad, la justicia y la libertad por lo que está dispuesta a dar la vida. Esto es lo único que nos hace creíbles y no la estructuras de poder que montamos.

  

Aleluya 1 P 1, 25

La palabra del Señor permanece para siempre; y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos.



EVANGELIO


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 5‑10

¡Si tuvierais fe...!



En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:

-“Auméntanos la fe.”

El Señor contestó:

-“Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar.”

Y os obedecería.

Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice:

“En seguida, ven y ponte a la mesa”?

¿No le diréis:

“Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?

¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?

Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:

“Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.”?

Palabra del Señor.



REFLEXIÓN



GOZAR CON LO BIEN HECHO 

 Lucas va recogiendo toda una serie de dichos de Jesús que le van a servir para orientar a la comunidad en aquellas cosas que son fundamentales y que no se deben abandonar nunca.

En el texto que nos trae la liturgia de hoy, nos presenta algo que para Jesús fue pieza clave: la fe será la fuerza y la luz que los ayude a caminar, de hecho es lo único que Jesús pide a quienes se le acercan a pedirles que los cure (Lc. 7,9; Mt. 5,22).

  En concreto, ahora que ya no tienen a Cristo físicamente presente, se dan cuenta de la necesidad tan grande que tienen de una fe fuerte, en cambio, constatan su pobreza y les nace espontáneamente la petición: “Señor, auméntanos la fe”. Pero al mismo tiempo extraña la respuesta de Jesús que suena como a reproche: “Si tuvierais fe…” no sentiríais como tales los problemas en los que andáis.

  Por otro lado, esa fe, no solo arremete e ilumina contra los problemas, sino que simplifica la vida y hace las cosas más sencillas, sin buscarles más complicaciones: si haces lo que tienes que hacer y cumples con tu obligación como es debido, no necesitas ni más premios ni estímulos de ningún sentido, tienes suficiente paga y gozo con la alegría de lo bien hecho, que te deja tranquilo y en paz contigo mismo y no necesitas más halagos.

  El verdadero creyente actúa desde el corazón, llevado por el amor de Dios y goza con lo bien hecho, con lo que no se sentirá ni importante, ni imprescindible, ni indispensable, ya que, en el fondo, no somos más que instrumentos en las manos de Dios que colaboramos en su obra.

  Por eso, una vez que hayamos hecho las cosas como Él quiere que se hagan, solo entonces nos queda la alegría y la satisfacción de haber realizado lo que debíamos, que es justamente su obra. Y la que le da sentido a nuestra vida.




DOMINGO XXVI DEL T.O. -C-

PRIMERA LECTURA
 Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4‑7
Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos

            Así dice el Señor todopoderoso: 
            “¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! 
            Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. 
            Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgia de los disolutos.» 
            Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN
 ANTE LA INJUSTICIA INTOLERABLE     

                En el capítulo 8 el profeta hace una denuncia fuerte de la realidad de los corruptos como culpables de la desgracia del pueblo: ellos ponen la avaricia y la codicia como fuerzas que mueven el sistema de vida que han implantado y que lleva a la perdición; en el texto de hoy, la denuncia va directamente contra el sistema de vida basado en la riqueza que lleva consigo una forma de vida anclada en la seguridad que da el dinero y la riqueza que llevan a prescindir completamente de los demás y a vivir aislados del sufrimiento y del dolor de los pobres: “¡Ay de los que viven confiados en el  monte de Samaria!... acostados en lechos de marfil; comiendo carneros del rebaño y terneras del establo; bebiendo vino en copas ungiéndose con perfumes exquisitos…”. 
            El final de esta gente que vive así, a costa de los demás, es el caos y la muerte: “irán al destierro”.
            La denuncia dirigida también contra los dos emblemas de seguridad: la montaña de Sión en Jerusalén y el monte Garizin en Samaría, signos de dos sistemas que se disputan la preponderancia y la salvación. Esta disputa se sigue constatando 8 siglos después, como puede verse reflejado en la conversación de Jesús con la samaritana (Jn. 4,20ss).
            Ambos centros servían de refugio y excusa para mantener posturas que irritaban a Dios y eran la vergüenza del pueblo pobre, con el que juegan los dirigentes políticos y religiosos.
            Llegar a esta situación es desembocar en la ruina y en la destrucción del pueblo y no habrá nada que los salve o los proteja.
            Al leer hoy estos textos, es imposible quedarse indiferente y no proyectar la luz que arrojan para leer la realidad por la que atravesamos: viendo la realidad política y económica, ambas asentadas sobre el dolor y la destrucción moral, social y religiosa del pueblo y ambas realidades sirviéndose una de otra, utilizando sus estrategias para acabar con el pueblo y convertirlo en una masa informe que va adquiriendo la forma que a ellos les interesa, mientras van destruyendo todo aquello que puede hacer que el pueblo viva en paz y le encuentre sentido a su camino.

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8‑9a. 9bc‑10 (R.: 1b)
 R. Alaba, alma mía, al Señor. 

Él mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.
R. Alaba, alma mía, al Señor. 

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.
R. Alaba, alma mía, al Señor. 

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R. 
R. Alaba, alma mía, al Señor. 

SEGUNDA LECTURA
 Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11‑16
Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor

            Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. 
            Combate el buen combate de la fe. 
            Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. 
            En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. 
A él honor e imperio eterno. Amén. 
            Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN

PREVENIR MEJOR QUE CUARAR  

            De la misma manera que en el cap. 2 Pablo invita a Timoteo a no dejarse manchar por esa realidad que le envuelve de corrupción, donde la avaricia y la codicia son los motores de la vida; en el texto que hoy nos presenta la liturgia, le invita a que no se deje convencer y no entre en la dinámica de pensar que el único punto de apoyo y seguridad lo dan la riqueza, con lo que se entra en la dinámica de un estilo de vida que es insultante para el pueblo, y por eso le invita a mantenerse firme en el combate de la fe y le ofrece el modelo de Jesucristo, que se mantuvo imperturbable ante Pilato y no renunció a tener otro Dios y otro Señor que el único y soberano Dios verdadero Rey de reyes y Señor de señores.
            Se trata, pues, de mantenerse firme en la decisión que se tomó en el bautismo, sabiendo que eso nos va a costar llevar una vida de lucha y de esfuerzo constante para mantenerse y dar testimonio de Él.
            Hablar de esta manera hoy y mantenerse en esta postura, es algo que se considera una locura, un vivir contra corriente, por lo que la lucha se hace mucho más difícil, ya que los frentes se multiplican y se revuelven todos en contra.


Aleluya 2 Co 8, 9
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.

EVANGELIO
 Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19‑31
Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tu padeces

            En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: 
            -“Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.  Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. 
            Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. 
            Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. 
            Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: 
            “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.” 
            Pero Abrahán le contestó: 
            “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. 
            Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.” 
            El rico insistió: 
            “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.” 
            Abrahán le dice: 
            “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.” 
            El rico contestó: 
            “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." 
            Abrahán le dijo: 
            “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."
            Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

ANUNCIAR Y DENUNCIAR  

            S. Lucas quiere hacer caer en la cuenta a la comunidad del peligro al que conducen las riquezas y el aposentarse en un sistema que ofrece la felicidad basada en el dinero y de espaldas a Dios, entonces recoge la parábola que narra Jesús en la que describe esta situación:
            Jesús pone en escena dos personajes: uno que ha organizado su vida en torno a las riquezas y se instala en un estilo de vida insolidario, cerrado a los demás y centrado  en su gozo personal: vivía banqueteando y de espaldas al dolor y al sufrimiento de los necesitados, hasta el punto de haberse hecho insensible completamente al sufrimiento de Lázaro (Los perros lamían las llagas y se las curaban) El rico, en cambio, no era capaz de darle ni siquiera  lo que se caía de la mesa; los perros tenían más entrañas de misericordia que él. Hasta ese punto llega a encallecer el dinero la conciencia.
            El otro personaje es Lázaro: es la imagen que reproduce las consecuencias a las que lleva el sistema del rico que vive de espaldas a la realidad que sufren los que mantienen su situación; su estilo de vida lleva a la miseria a los demás que tienen que soportar, no solo el desastre que han montado, sino la impotencia para cambiarlo y han de aguantar una estructura injusta que les impide vivir con dignidad y expresarse como personas.
            Como el profeta Amos, Jesús deja bien claro que al final de la historia, no va a ser el triunfo del explotador y la destrucción del inocente: Dios no se pone del lado del opresor sino del débil; al final ha de triunfar la justicia sobre la injusticia y la opresión.
            La iglesia, como el profeta y como Jesús ha de estar para llamar la atención sobre esta realidad equivocada y dañina para todos, pero sobre todo, para dejar clara la postura de Dios frente a la mentira y la corrupción.