DOMINGO -XVI- T.O. -A-

Lectura del libro de la Sabiduría 12,13.16‑19

En el pecado, das lugar al arrepentimiento 
Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios

REFLEXIÓN

DIOS ES LA SABIDURÍA    
            El autor identifica la SABIDURÍA con el Dios Supremo, por encima del cual no existe otro que le pueda corregir ni demostrar que se ha equivocado, pues la SABIDURÍA no se puede equivocar.
            El autor se plantea el tema porque no entiende cómo puede ser que Dios no castigue a Egipto y a Caná habiendo hecho tanto daño a Israel; y ante tal incongruencia humana, no queda más que la respuesta divina.
            El autor entiende que la SABIDURÍA suprema es imposible que haga algo equivocado; lo que ocurre es que, al estar marcada por el AMOR, sus tiempos y sus esquemas no son los mismos de los hombres, limitados por tantas cosas
            La SABIDURÍA actúa bajo la fuerza y la luz de la verdad, de la justicia, del amor, ordenándolo todo hacia la misericordia y la paz. Esta forma de actuar Dios, no tiene que ver nada con lo que hacen los hombres y se nos pone como modelo y referente para todo cristiano y para la iglesia en general;
            La SABIDURÍA es la fuerza que gobierna el amor, la verdad y la justicia y no la que controla el odio, la violencia, la injusticia, la mentira, la degradación… de la humanidad para defender los intereses del dinero y los negocios.

Salmo responsorial: 85
Tú, Señor, eres bueno y clemente.  

Tú, Señor, eres bueno y clemente, /
rico en misericordia con los que te invocan. /
Señor, escucha mi oración, /
atiende a la voz de mi súplica. R.
Tú, Señor, eres bueno y clemente. 

Todos los pueblos vendrán /
a postrarse en tu presencia, Señor; /
bendecirán tu nombre: /
"Grande eres tú, y haces maravillas; /
tú eres el único Dios." R.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.  

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, /
lento a la cólera, rico en piedad y leal, /
mírame, ten compasión de mí. R
Tú, Señor, eres bueno y clemente. 

Lectura de la carta de S. Pablo a los Romanos 8,26‑27
El Espíritu intercede con gemidos inefables
Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios
Palabra de Dios

REFLEXIÓN 

DEJARSE EN MANOS DE LA SABIDURÍA  
            S. Pablo hace tomar conciencia a la comunidad de los romanos de algo que es fundamental: Cristo desapareció físicamente de entre nosotros, pero se quedó con su Espíritu en el corazón de cada uno y de toda su iglesia, haciéndose partícipe y solidario del camino que va haciendo la humanidad, hasta que llegue el momento en que el proyecto del reino se establezca por completo y la SABIDURÍA de Dios sea la que ordene el orbe entero.
            Mientras esto llega, el Espíritu Santo camina a nuestro lado “ayudándonos en nuestras flaquezas” y, como el Espíritu es el que nos anima y vive entre nosotros, Dios conoce perfectamente nuestras alegrías, nuestras penas, nuestros triunfos y nuestros fracasos y hasta las debilidades de nuestro corazón.
            Lo peor que nos puede ocurrir es despreciar la ayuda y la presencia del Espíritu y dejarnos en manos de la ignorancia y estupidez, para que sean ellas las que ordenen nuestra vida, eso nos llevaría automáticamente a la muerte.

Lectura del santo evangelio según S. Mateo 13,24‑43
Dejadlos crecer juntos hasta la siega  

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'""
[Les propuso esta otra parábola: "El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas."
Les dijo otra parábola: "El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente."
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: "Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo." Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."]
Palabra del Señor</DIV></DIV>

REFLEXIÓN 

LAS MALAS HIERBAS      

            Ante el espectáculo que estamos  viendo y viviendo  cada día y, sobre todo, viendo cómo se está manejando el problema, es una especie de grito el que se oye por todas partes invitando a que cada uno se esté en su casa y se las arregle como pueda con sus leyes, sus normas y su cultura…
            Y esa afirmación sería correcto sostenerla siempre que TODOS se estuvieran en su casa y nadie fuera a aprovecharse de nadie, conformándose cada uno con lo que tiene o, de lo contrario, organizar las cosas de forma que atendiéramos al origen de todo: Dios creo la tierra para que vivamos y seamos felices en ella, pero esto se ha olvidado y parece que solo tienen derecho a vivir unos cuantos, los demás son considerados malas hierbas que han nacido en este jardín que es el mundo.
            Y cuando estos principios no se tienen en cuenta, se sigue la cadena de la injusticia y aquellos que se sienten robados, expulsados de la tierra, explotados, se rebelan y, entonces, se convierten en “malas hierbas” que los que se encuentran acomodados, lo primero que sienten es ganas de exterminarlas y arrancarlas de la vida.
            El tema es serio y el planteamiento, si es que lo hiciéramos desde la perspectiva de Jesús, es muy probable que las cosas cambiarían radicalmente: si el mundo es el regalo que Dios hace al hombre para que pueda vivir y ser feliz, las malas hierbas serían aquellos que cambiaron el fin y convirtieron el mundo y las personas en instrumentos para sus intereses; el juicio final queda, por tanto, en manos de Dios, que será el que determine quién es la paja o la mala hierba y quién es el trigo de la vida.

 

DOMINGO -XV- T.O. -A-

Lectura del profeta Isaías 55,10‑11

La lluvia hace germinar la tierra  
Así dice el Señor: "Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo."
Palabra de Dios 

REFLEXIÓN: 

LA PALABRA DE DIOS ES VIDA   

            El profeta Isaías deja claro algo que con frecuencia olvidamos y cometemos el gran fallo de creer que la eficacia de la palabra está en la habilidad del predicador, dependiendo de su capacidad de convicción de exposición o de los medios que utiliza.
            La Palabra de Dios es vida y produce su efecto en el corazón del hombre independientemente de las cualidades del predicador o de los medios que utilice.
            El profeta expresa esto con una imagen preciosa que todo el mundo entiende: el agua cae en la tierra, la empapa y hace germinar en ella la vida; después vuelve a las nubes para volver a realizar su ciclo de vida.
            De la misma manera, la palabra de Dios realiza su ciclo en el corazón de cada persona, en la que entra como la lluvia en la tierra y realiza su efecto vital.
            Esta anotación que nos hace el profeta, supone una fuerte llamada de atención a cada uno de nosotros que muchas veces condicionamos la Palabra de Dios a nuestros problemas, a nuestros esquemas y principios, como si fuéramos nosotros los que someten el proyecto de Dios a nuestros intereses y caprichos.
            Es bueno que entendamos que, aunque Dios nos regale la posibilidad de participar con Él, el proyecto de salvación es suyo, incluso es interesante que caigamos en la cuenta de que no somos imprescindibles y que, sin problema alguno, Dios podría prescindir de nosotros. Lo que debemos hacer es no convertirnos en obstáculo para que Él realice su proyecto, sino que más bien, le sirvamos de instrumento útil para que Él vaya vivificando el corazón de los hombres.

Salmo responsorial: 64

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas /
y la enriqueces sin medida; /
la acequia de Dios va llena de agua, /
preparas los trigales. R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.  

Riegas los surcos, igualas los terrones, /
tu llovizna los deja mullidos, /
bendices sus brotes. R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Coronas el año con tus bienes, /
tus carriles rezuman abundancia; /
rezuman los pastos del páramo, /
y las colinas se orlan de alegría. R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.  

Las praderas se cubren de rebaños, /
 y los valles se visten de mieses, /
que aclaman y cantan. R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.  

Lectura de la carta de S. Pablo a los Romanos 8,18‑23
La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo
Palabra de Dios 

REFLEXIÓN 

GESTORES DE UN MUNDO NUEVO 

            S. Pablo recuerda a los cristianos de Roma que no pueden seguir enmarcados en un sistema caduco, regido por la ley y por el miedo.
            Hemos sido liberados de la ley y del pecado, se trata, pues, de una nueva época que está naciendo y que nosotros hemos sido llamados a participar en este “parto” que va a dar lugar a un mundo nuevo.
            Lo mismo que un “parto” lleva consigo dolor y sufrimiento, porque lleva consigo el cortar con unas estructuras y abrirse a un proyecto nuevo.
            Este proyecto nuevo está siendo guiado por el Espíritu Santo que nos ha “liberado de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.
            Este cambio radical es el motivo de esta transformación que se abre al universo entero. Este cambio lleva consigo rupturas, desestabilizaciones, cambios… que desestabilizan al hombre, pero todo el sufrimiento se convierte en alegría ante la realidad nueva que nace.

Lectura del santo evangelio según S Mateo 13,1‑23
Salió el sembrador a sembrar  

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga."
[Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les contestó: "A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno."]
Palabra del Señor 

REFLEXIÓN 

LA SEMILLA ROBADA Y DESNATURALIZADA    

            Recuerdo a mi amigo Julián Gómez del Castillo quien sostenía que “el siglo próximo ha de estar marcado por la información y las grandes empresas han de girar en torno a la información y no en torno a la producción…” Yo no entendía que la riqueza pueda estar en la información en lugar de la producción. Ahora me quedo sorprendido al constatar que, efectivamente, el mundo está en manos de la “información” y nos tiene completamente locos, pues se habla de cosas como que la verdad no es la adecuación a la realidad, porque la misma realidad puede ser física o virtual y por eso se habla de la “post-verdad”, es decir: de lo que esa “verdad” puede producir en la persona que la recibe, que puede ser completamente diferente en cada uno, por lo tanto la “verdad” depende de lo que produce en cada uno, y, por tanto, no es un valor absoluto sino algo completamente subjetivo y cambiante.
            Por eso, al iluminar esta realidad con la parábola del sembrador, en la que la semilla que se siembra, que es la Palabra de Dios, LA VERDAD, resulta que esa semilla cae en un terreno como el que tenemos en la actualidad, en donde es una realidad virtual en la que las cosas son y no son al mismo tiempo, o pueden ser diferentes, dependiendo de quien las asuma…
            La verdad es que todo esto suena a locura y entran ganas de decirle a Jesús: “Sentémonos un rato y explícanos cómo nos tomamos esto”
            Pero aunque aparentemente hayan cambiado las cosas, la auténtica realidad sigue estando ahí, sin cambiar un ápice: el ser humano que sigue preguntándose por el sentido de su vida, por la necesidad que tiene de amar y ser amado, de realizarse como persona, de ser respetado, escuchado y tenido en cuenta… y esto no ha cambiado un solo milímetro y la Palabra de Dios es la VERDAD y la VIDA que exige este ser humano, como derecho que le dio su creador y como necesidad vital para seguir respirando.
            Cuando todas estas necesidades se hayan cubierto, entonces podremos y debemos dar respuesta a todos los experimentos que queramos.
            El tema es parecido a lo que se está intentado controlar la vida en planetas remotos, mientras no somos capaces de arreglar la de nuestra casa que, la estamos destruyendo.

 

DOMINGO -XIV- T.O. -A-

Lectura del profeta Zacarías 9,9‑10

Mira a tu rey que viene a ti modesto  

Así dice el Señor: "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra."
Palabra de Dios 

REFLEXIÓN 

ESPERANZA CONTRA TODA ESPERANZA    

            El pasaje del profeta Zacarías que nos trae la liturgia de hoy se encuentra en un momento en que el pueblo ha perdido en el horizonte de la esperanza el volver a su tierra y restaurar la grandeza del reinado de David, en el que el pueblo era uno y grande; menos aún el pensar en la restauración del templo, como centro de unidad y símbolo de grandeza del pueblo. La decepción, el desencanto, la desidia… han hecho mella en el ánimo del pueblo y se ha perdido todo atisbo de esperanza.
            En esa situación de hundimiento y oscuridad, Zacarías alza la voz invitando a la alegría y a la esperanza: "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén”; pero es interesante observar la imagen que presenta como motivo de alegría: no es la de un mesías poderoso, cargado de fuerza y de poderío político como esperaban todos. La grandeza y la fuerza que le acompañan al mesías que presenta, está en su unión con Dios y en la misión que trae, que no tiene nada que ver con la grandeza de los poderes humanos: “mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno”
            El nuevo Mesías que vendrá es el que va a establecer la justicia de Dios, no la de los hombres; es el que va a salvar a todos los hombres de las ataduras del pecado y, por tanto, va a restablecer la libertad personal y la amistad con Dios y no viene a establecer la revancha política. Al mismo tiempo va a romper el exclusivismo en el que ha venido manteniéndose Israel, abriendo la promesa a la universalidad de todos los pueblos: “dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra."
            Todo esto es algo que choca frontalmente con lo que hay establecido y, por tanto, hará que el profeta no sea tomado en serio.

Salmo responsorial: 144  

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; /
bendeciré tu nombre por siempre jamás. /
Día tras día, te bendeciré /
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso, /
 lento a la cólera y rico en piedad; /
 el Señor es bueno con todos, /
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, /
que te bendigan tus fieles; /
que proclamen la gloria de tu reinado, /
que hablen de tus hazañas. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.   

El Señor es fiel a sus palabras, /
bondadoso en todas sus acciones. /
El Señor sostiene a los que van a caer, /
endereza a los que ya se doblan. R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

 
Lectura de la carta de S. Pablo a los Romanos 8,9.11‑13
Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis  

Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Palabra de Dios

REFLEXIÓN 

MANTENER LA COHERENCIA  

            S. Pablo, siguiendo el razonamiento que hace en el cap. 6, sigue la coherencia del discurso: si hemos muerto a una forma de vida regida por los instintos carnales, para nacer y dejarnos guiar por las mociones del Espíritu Santo que ha nacido en nosotros por el bautismo, son las obras del Espíritu las que han de marcar nuestra existencia y las que nos han de identificar. Pero si no son las obras o frutos del Espíritu los que damos y nos identifican, es que el Espíritu del Señor no habita en nosotros y, en consecuencia, vivimos todavía bajo la fuerza del pecado y no de Dios.
            No obstante, aunque hayamos recibido el Espíritu, no hemos dejado de ser humanos y, por tanto, vivimos bajo la influencia y la fuerza de la carne que nos empuja con los instintos carnales que, con la ayuda del Espíritu, dejarán de ser una fuerza irresistible que nos empuja al pecado.
            Esta es la opción de lucha que hemos de hacer: vivir según la carne o vivir según el Espíritu, pero sabiendo que ahora tenemos toda la fuerza de Dios que nos sostiene y nos garantiza el triunfo.
            El Espíritu del Señor nos da a cada uno la fuerza y la luz que necesitamos para responder en cada momento, con plena libertad, según conviene a cada uno.

 Lectura del santo evangelio según S. Mateo 11,25‑30
Soy manso y humilde de corazón

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."
Palabra del Señor 

REFLEXION 

EL MONOPOLIO DE LA VERDAD   

            S. Mateo nos presenta hoy un momento en el que Jesús expresa la experiencia que está teniendo en la presentación del reino: se va dando cuenta que todos los “letrados”, los “entendidos”, los “aposentados”… todos encuentran dificultades, todos le ponen pegas a que el reinado del amor, de la paz, de la verdad y de la solidaridad se establezcan en el mundo como rieles por los que camine toda la sociedad.     
            ¡Efectivamente! Eso es un tremendo disparate para sus intereses. Y tienen su idea de Dios, de la religión, de la moral, de la economía, de la estabilidad del país… de acuerdo a su estatus, que para ellos, los entendidos, es lo perfecto, lo que Dios tiene obligación de aceptar.
            Por eso entienden que Jesús no puede enseñarles nada nuevo, ni tiene idea de lo que está diciendo, pues es un iletrado, alguien que no ha salido del esquema que ellos han fabricado. No es posible que Dios piense de forma diferente a como lo hacen ellos
En cambio, los pobres, los que no han tenido acceso a las letras, los que no tienen riquezas que guardar, ni intereses que defender; los que están excluidos de la religión y de las estructuras, entienden perfectamente que ese reino que Jesús les presenta sería el gran ideal de fraternidad al que debería aspirar la humanidad.      Jesús ve en ellos la esperanza de la humanidad, los únicos que no tienen dañada la mente ni el corazón y permanecen abiertos a la novedad de Dios, sin embargo, ve que todos los oprimen, los explotan y ni la misma religión les sirve de consuelo, ni las doctrinas que les dan en el templo les alivian la carga de la vida, más bien se la hacen más pesada, por eso exclama: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."  Él ha venido a liberar y no a cargar, a salvar y no a condenar… Él es el único refugio seguro que ha de encontrar el pobre, porque al final, la VERDAD es la que ha de imponerse.

DOMINGO XIII DEL T.O. –A-

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes. 2 Re 4, 8-11. 14-16a
Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí
PASÓ Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse». Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».
Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando Un hijo».

Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN
 
RESPUESTA DE DIOS A LA ACOGIDA   

            El relato nos recuerda a Abrahán cuando vio llegar a dos personas extrañas que se acercaban a su tienda extenuadas por el camino; sin preguntar quiénes eran, se puso a preparar una comida y les dio hospitalidad ofreciéndoles su casa.

            Su actitud de acogida y hospitalidad al forastero, que era un signo de su apertura a Dios, tiene como recompensa el que Sara se quede embarazada y traiga a la vida a Isaac, el hijo esperado durante toda la vida y que no llegaba.
            En el texto (2ª Re.4) que nos presenta la liturgia, se nos muestra la respuesta de Dios a la actitud generosa y acogedora de esta mujer sunamita, junto con su marido, que le abren sus puertas al profeta.
            Dios no se deja ganar en generosidad y no deja sin recompensa a todo el que se pone en su camino; en el NT. Jesús dirá: Ni un solo vaso de agua que deis a una persona en mi nombre, quedará sin recompensa”. A esta mujer sunamita, como a Sara, Dios las bendijo con lo máximo que podían soñar.
            El mensaje que nos presenta hoy la palabra de Dios contrasta con la actitud de la humanidad que estamos viviendo en la actualidad: millones de personas que están siendo desplazadas de su tierra y tienen que huir por la deshumanización de sus dirigentes políticos que por mantenerse en el poder son capaces de arrasar a sus pueblos y otros, por conquistar ese poder, dan lugar a la destrucción de pueblos enteros.
            Pero en el otro lado están los mismos hermanos que no quieren acoger a sus hermanos y los lanzan a otros extremos de la tierra donde tampoco son acogidos, o se les pone infinidad de trabas.
            Frente a esta situación nos encontramos con el principio de que la tierra la crea Dios para que en ella viva el hombre, hecho a su imagen y semejanza, con un derecho primario y fundamental a ser feliz; por otro lado vemos la llamada de Dios a la apertura y acogida del hombre, mientras la realidad nos presenta todo lo contrario. Queda en el aire la gran interrogante: ¿Hasta qué punto se ha degradado el hombre que ya no se reconoce?

Salmo responsorial
Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R/.: 2a)
R/.
   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

        V/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
                anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
                Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
                más que el cielo has afianzado tu fidelidad.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

         V/.   Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
                caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
                tu nombre es su gozo cada día,
                tu justicia es su orgullo.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

        V/.   Porque tú eres su honor y su fuerza,
                y con tu favor realzas nuestro poder.
                Porque el Señor es nuestro escudo,
                y el Santo de Israel nuestro rey.   
R/.
R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Rom 6, 3-4. 8-11
Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva

HERMANOS:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Aleluya

1 Pe 2, 9
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa;
        anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.   
R/.

REFLEXIÓN 

SER O NO SER    
            Pablo quiere que la comunidad cristiana de los romanos tome conciencia de algo que es una incoherencia evidente y que puede dañar la imagen y destruir la comunidad: si han sido incorporados a la muerte de Cristo con el bautismo, es lógico que no sigan dando signos del hombre viejo que enterraron, pues un cadáver no puede dar signos de vida; un cadáver solo da olor a podredumbre y a muerte.
            De la misma manera, si con el bautismo han renacido como hombres nuevos a la vida de Cristo resucitado, no tiene sentido el que sigan realizando obras de muerte, como son el egoísmo, la avaricia, la lujuria, la insolidaridad, la corrupción y la degradación…
            Para Pablo, cuando morimos es para siempre y no para un rato y, renacer para Dios, es ser una persona completamente nueva. No se puede ser una cosa y manifestar otra o pretender ser las dos cosas al mismo tiempo.
            Esto que para S. Pablo no tiene explicación: ser una cosa y aparecer otra, está tomando otra versión en nuestro tiempo: lo que somos no tiene por qué condicionar nuestra actuación; algo así como si a un árbol de olivo le pides que dé patatas.
            Esta es la realidad tan extendida hoy entre nosotros que, además, se quiere imponer: reducir la fe a la sacristía, de manera que lo que creamos o sintamos no tiene por qué condicionar la vida, creándose una división entre lo que se cree y lo que se vive, como dos cosas sin conexión, de forma que puede llevarse una vida completamente diferente a lo que confesamos. Es decir: Fe y Vida, como dos realidades sin conexión alguna y sin injerencia.
       

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 10, 37-42
El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN</DIV></DIV>

NI LA CRUZ PUEDE SER CAUSA DE ABANDONO     

            Cuando leemos despacio el texto del evangelio de Mateo nos quedamos conmovidos al escuchar a Jesús que en su lenguaje utiliza imágenes tan fuertes como la de “llevar la cruz”: todos los componentes de las primeras comunidades tienen muy claro y saben lo que es eso: La CRUZ no solo era una muerte atroz, sino que se consideraba un castigo ejemplar: al reo se le desnudaba y se le obligaba a “llevar el travesaño de la cruz” exhibiéndolo por el pueblo, hasta lo alto del monte donde esperaba el palo vertical allí clavado. Se le obligaba a pasear de esta forma por toda la ciudad para que sirviera de ejemplo y se le expulsaba de ella, para que muriera allí solo, fuera de la ciudad y se le dejaba colgado, para que se lo comieran las aves de rapiña, porque se consideraba indigno de que la tierra lo admitiera en sus entrañas. De esta manera, la gente se quedaba descansando de soportar a un indeseable y a nadie se le ocurría hacer lo que llevaba a este extremo. Esta imagen la tenían muy viva y está en el subconsciente de todos.
            Con esta imagen de trasfondo, Jesús les dice que su seguimiento lleva consigo el estar dispuestos, incluso a “llevar la cruz”, que es lo último en lo que se puede pensar, pero no es por demostrar al mundo que aguantamos lo que nos echen, ni porque estémos de acuerdo con el dolor, el sufrimiento, o los problemas, sino que, para evitar el sufrimiento, la injusticia, el atropello, el dolor de los indefensos y la opresión de los pobres, estamos dispuestos a “perder” nuestra vida y a jugárnosla, si es que fuera necesario. Ni la cruz nos puede echar atrás.
            Y el que se une a alguien que ha sido capaz de entregar su vida por la causa de Jesús y lo apoya, solidarizándose con su causa, Jesús no ha de dejar sin recompensa, de la misma manera que en otro momento, también se declaraba a favor de aquel que en la vida se pone de su lado y lo confiesa.  

 

 

 

DOMINGO XII DEL T.O. –A-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías. Jer 20, 10-13
Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa
DIJO Jeremías:
«Oía la acusación de la gente:
“Pavor-en-torno,
delatadlo, vamos a delatarlo”.
Mis amigos acechaban mi traspié:
“A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa».

Palabra de Dios. 

REFLEXIÓN 

DIOS TIENE LA ULTIMA PALABRA    
            El profeta Jeremías detecta la situación en la que vive su pueblo: se da cuenta que no hay por dónde coger el tema, pues por donde mira todo está corrompido; ve que ha llegado el momento en que no te puedes fiar de nadie ni de nada.; todos están pendientes para ver dónde hay un fallo y dónde se puede encontrar carnaza para el morbo, pero nadie está dispuesto para hacer el bien ni se atreve a hacerlo… La situación es un calco de lo que vivimos en la actualidad: cada día que nos levantamos nos encontramos con otra nueva noticia de corrupción y de muerte, ya no podemos  fiarnos de nadie, pero además, tenemos que andar con un cuidado enorme, pues están a la caza y captura del más mínimo detalle para tergiversarlo y montar un problema, sobre todo si es que se trata de la iglesia o alguno de sus componentes que se destaque un poco..
            Frente a esta situación, el profeta ve que no tiene más asidero que su confianza y fidelidad al Señor, que es el que al final hace que todas las cosas se pongan en su sitio y resplandezca la verdad.
            Es la lucha de siempre: el mal que no soporta la presencia del bien y hace todo lo posible por opacarlo y destruirlo, intentando de todas las formas imaginables, desde la crítica solapada, la tergiversación, la calumnia hasta la persecución llena de odio y violencia, como estamos viendo a diario.
            Al final termina el profeta proclamando la grandeza de Dios que hace que resplandezca la verdad: “Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos."  

Salmo responsorial

Sal 68, 8.10.14 y 17.33-35 (R/.: 14c)
R/.
   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

        V/.   Por ti he aguantado afrentas,
                la vergüenza cubrió mi rostro.
                Soy un extraño para mis hermanos,
                un extranjero para los hijos de mi madre.
                Porque me devora el celo de tu templo,
                y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

        V/.   Pero mi oración se dirige a ti,
                Señor, el día de tu favor;
                que me escuche tu gran bondad,
                que tu fidelidad me ayude.
                Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
                por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad.

        V/.   Miradlo, los humildes, y alegraos;
                buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
                Que el Señor escucha a sus pobres,
                no desprecia a sus cautivos.
                Alábenlo el cielo y la tierra,
                las aguas y cuanto bulle en ellas.   
R/.
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Rom 5, 12-15
No hay proporción entre el delito y el don
HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Palabra de Dios. 

Aleluya
Jn 15, 26b-27a

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí —dice el Señor—;
        y vosotros daréis testimonio.   
R/. 

REFLEXIÓN. 

DIOS SE HACE IMAGEN Y SEMEJANZA DEL HOMBRE   

            Pablo recuerda a la comunidad de los romanos el gran misterio de la encarnación que ha hecho cambiar radicalmente nuestra realidad, para que seamos coherentes con lo que Cristo ha hecho con nosotros: “Un Hombre” = la HUMANIDAD decidió cortar con Dios y despreciarlo, renunciando a su proyecto de felicidad que Dios había establecido para él.
            Dios, en cambio, permanece fiel a su voluntad y a su decisión inicial, que es la expresión de su propio ser: EL AMOR; y en la cumbre de los tiempos decide dar un paso más que será decisivo en orden a su proyecto inicial para el hombre: hace suya la naturaleza humana. Esto es el acto cumbre de la creación: el hombre hecho a su imagen y semejanza. Ahora Dios se hace con la imagen y semejanza del hombre: toma un cuerpo, para hacerse visible y mostrarle al hombre lo que significa para Él y hasta dónde está dispuesto a solidarizarse con su vida y su historia.
            Si aquella humanidad vieja (ADAN) rompió su imagen y semejanza con Dios, la misma humanidad nueva (CRISTO)  restablece por entero y para siempre la naturaleza humana, dejando intacta a cada uno su libertad, por lo que cada uno se hace responsable de su vida, su realización y su destino. 

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 10, 26-33
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
 

REFLEXIÓN 

NO VALEN LAS MEDIAS AGUAS    

            Jesús tiene muy claro el ambiente que existe: cuando alguien sigue a un líder que ha terminado mal, la misma suerte le espera a sus seguidores; esto es algo que está en la mente de todos y Él sabe que a sus discípulos les puede ocurrir igual, por lo tanto, les advierte para que no se hagan ideas falsas de otra realidad distinta: no les espera ningún camino lleno de rosas, sino que la complicación y los problemas son algo con lo que han de contar desde el mismo principio.
            Todo esto es algo que la comunidad tiene muy claro y lo recuerda: en su camino van a encontrar la contradicción, el rechazo, la crítica, la persecución… ya les dejó advertido el Maestro, que tendrían que ser perseguidos, insultados por su causa, esa será la señal de que es verdad lo que predican y les dará la seguridad de que están en el camino. Para eso, les advierte que no tengan miedo y no se sientan retraídos ante las dificultades.
            Efectivamente, no hay que tener miedo a las dificultades que pueden venir y que son muchas las que vendrán, en cambio, les deja una advertencia clara en lo que deben estar atentos y a lo que hay que tener verdadero miedo: es a aquellos que les pueden convencer de lo contrario, que les pueden hacer creer que no vale la pena luchar, que hay que buscar lo fácil, lo agradable; que no vale la pena exponerse… y le pueden cambiar por entero su manera de ver las cosas de tal forma que, cuando quieran acordar, se alíen con el mal, convirtiéndose en los peores enemigos, que son, precisamente, los que luchan en contra desde dentro.
            A estos hay que temerles verdaderamente, pues son los que llegan a crear actitudes perversas que nos hacer ver bueno lo que es malo y viceversa.
            Jesús declara abiertamente que no podemos andar entre dos aguas: o nos ponemos a su lado, o estamos enfrentados a Él. No hay un camino intermedio en el que puedas nadar y guardar la ropa.
            De la misma manera declara que quien se juega la vida por Él, el momento final del juicio se llevará la gran sorpresa, pues se encontrará a Dios de su parte; de la misma manera, quien se coloca en contra, al final se encontrará con la misma oposición que mantuvo en su vida.