DOMINGO XXIV DEL T.ORDINARIO -B-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50, 5‑9ª
Ofrecí la espalda a los que me apaleaban

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás:
ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí?
Que se me acerque.
Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“CERRADOS A DIOS”

Anda por la red un cuento en el que se narra que un individuo veía cómo maltrataban a todos aquellos que se metían en política y entonces se dijo: “A mi no me interesa la política, que se las arreglen como puedan”.
En otro momento vio cómo maltrataban a los inmigrantes y se dijo: “¡Bah!, yo no soy inmigrante, eso son problemas de los políticos... mejor es que no me meta en lo que no me incumbe”.
Poco después vio que atacaban a la gente que se declaraba religiosa y se dijo: “Ellos verán sus cosas, a mi no me interesa la religión ni yo soy religioso”… Y esa misma actitud íba presentando con todos los que sufrían y eran atacados: él no quería saber nada de nada ni de nadie, hasta que llegó el día en que lo echaron a la calle de la empresa en donde trabajaba y se quedó sin trabajo y sin nada y, además vio cómo le hacían injusticias y atropellos y esperaba que alguien se compadeciera y le echara una mano, pero vio sorprendido cómo nadie lo tomó en cuenta para nada, todos decían lo mismo que él había venido diciendo siempre: "Es su problema, ¡que se las arregle!
En el pasaje de hoy el profeta Isaías viene a presentar justamente todo lo contrario del cuento: se trata del hombre o del pueblo que no está dispuesto a pasar indiferente ante la injusticia, sino que, por el contrario da la cara y hace frente a la realidad de la injusticia, de la mentira, de la división y no permite ni acepta contemplar impasible el atropello de la paz, de la verdad y de la justicia y aunque el enemigo se ensañe con él, no cede ni le da la batalla por perdida.
El hombre de fe tiene la certeza de que Dios se pone siempre de parte de la justicia, de la verdad y de la paz y por eso, tiene la certeza de que al final, siempre saldrá victorioso, porque la verdad siempre triunfa.
El egoísmo y el individualismo son el cáncer y la sepultura de la persona y de un pueblo. La persona se centra en si y se pone ella misma como única meta y horizonte de la vida: yo, a mi, para mi, conmigo… El resultado final es la soledad más absoluta y la insolidaridad más radical.
El pueblo, el individuo o el sistema social que opta por esta forma de existencia, tiene firmada su propia sentencia de muerte y de negación de la felicidad.
Por el contrario, el pueblo, el individuo, la sociedad… que se pone en la onda de Dios, tiene asegurado el triunfo y el compromiso, por parte de Dios, de su permanencia, que le dará toda la fuerza necesaria: “No verá decepcionada su confianza”… “El Señor le ayuda y le hace justicia”.


Salmo responsorial Sal 114, 1‑2. 3‑4. 5‑6. 8‑9
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R/.
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor, salva mi vida.” R/.
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
EL Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó R/.
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R/.
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14‑18
La fe, si no tiene obras, está muerta

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar?
Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿ de qué sirve?
Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta.
Alguno dirá: “Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.”
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“FE MUERTA”

Santiago continúa en la misma dimensión que venimos escuchando estos domingos atrás: La fidelidad y la coherencia al principio que ha establecido: “La palabra tiene consistencia y credibilidad el momento que se hace obras”.
La preocupación de Santiago es fuerte, debido al peligro y a la tendencia tan grande que tenemos a quedarnos en las palabras bonitas, en la simple declaración de principios.
En un momento, dentro de la comunidad pudo existir el problema de la gente que se quedaba en la simple adhesión a la palabra. En la creencia intelectual, pero se daba una ruptura con la vida, lo mismo que al contrario, y Santiago sale al frente, lo mismo que en otro momento en el que intenta imponerse la idea de que la salvación se "compra" a base de obras o de cumplimiento de normas, como le ocurría a los fariseos; S. Pablo que está viendo que la vida cristiana la están convirtiendo en un humanismo por cuyo esfuerzo se gana la salvación, sale al paso indicando que no son las obras las que hacen merecedores a los hombres de la salvación, sino la fe en Dios que nos la ha regalado y, como respuesta agradecida se darán las obras.
Lo que Santiago viene a hacer es a clarificar justamente lo que ha indicado Pablo: alguien que se ha sentido amado de tal forma, que ha visto cómo han dado la vida por él y le han regalado la salvación y el perdón de todas sus culpas y pecados, no tiene más remedio que responder con una actitud agradecida con obras de amor.
De alguna manera Santiago recoge lo que es norma y principio dentro de la comunidad cristiana y que el mismo Juan recoge en su primera carta (3,18) “Hijos míos, no amemos de palabra y con la boca, sino con hechos y de verdad” y es que una fe que no se expresa con hechos, está muerta, no es fe, lo mismo que las obras son las que dirán verdaderamente la fe que tenemos.

Aleluya Gal. 6,14
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor,
en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27‑35
Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:
-“¿Quién dice la gente que soy yo?”
Ellos le contestaron:
-“Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.”
EL les preguntó:
-“Y vosotros, ¿quién decís que soy?”
Pedro le contestó:
-“*Tú eres el Mesías.”
É1 les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos:
-“EL Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.”
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
-“¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
-“EL que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.”
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“¿QUIÉN SOY YO PARA TI?”
S. Marcos presenta a Jesús, que ha venido hablando del reino, de lo que Él es en este proyecto y lo ha venido mostrando a través de signos que han dejado en evidencia la presencia del reino y su realidad transformadora.
Pero todo esto tiene trastornados a todos, empezando por los discípulos que están viendo la fuerza que tiene su palabra, cómo atrapa a la gente que no se cansa de escucharlo, los gestos que va haciendo dejan entusiasmado a todo el mundo…
Están escuchando un mensaje que es entusiasmante, pero no conocen las consecuencias que eso lleva consigo y lo que va a costar… están viviendo poco más o menos que un sueño; pero no se pueden entusiasmar con un sueño, no pueden comprometerse con una idea ni adherirse a una ilusión.
Jesús quiere comprobar directamente en los discípulos qué es lo que ellos han entendido y qué es lo que ellos mismos están viendo que la gente percibe y constata, lo que la gente espera: la venida de un líder que los libere de la situación en la que están; esperan un nuevo Moisés, un nuevo Elías que se peleen con los romanos, con los sumos sacerdotes… y Pedro, con todo este amasijo de ideas, coge la palabra en nombre de los apóstoles y confiesa que para ellos “Él es el Mesías Salvador que ha de venir”, aunque no tienen muy claro qué tipo de salvación es la que esperan, pues de hecho, cuando Jesús les plantea el tema, Pedro increpa a Jesús y le invita a que abandone el proyecto y es el mismo Jesús quien tiene que llamarle fuertemente la atención, pues ve que está en la misma onda de los demás, piensa como todos, más no como Dios y por primera y única vez, nos encontramos a Jesús fuertemente enojado, al ver que ni los suyos han entendido lo que trae y aquí no hay posturas intermedias: no estar en la dirección de Jesús, es estar en la lógica de Satanás.
Frente a este cuadro, no nos queda más remedio que personalizar la pregunta de Jesús: “¿Quién soy yo para ti?
Esta pregunta se la han venido haciendo a través de los siglos todos los hombres y mujeres y cada uno ha intentado dar la respuesta.
Ahora somos nosotros los discípulos que andamos con Él, ahora somos nosotros los que tenemos expectativas con respecto a Él ¿Qué buscamos en Él? ¿Qué pinta Jesús en nuestra vida, a la hora de hacer nuestro proyecto o tomar decisiones en ella?
Es muy fácil responder lo que aprendimos en el catecismo, pero esa misma repuesta la puede dar un no creyente, y también la podemos dar, pero ser una respuesta vacía, si es que no es algo que afecta a mi vida, algo que exprese un compromiso con Él.
Este es el gran problema que tenemos; hemos llenado nuestra cabeza de formulas y conceptos que repetimos hasta el punto que hemos dado por válido el que alguien confiese con la boca que “es creyente no practicante” aceptando la posibilidad de la cuadratura del círculo.
Tal vez nos hemos olvidado que “creer” no consiste en “saber” un número determinado de fórmulas que vamos repitiendo, ni tampoco consiste en aceptar un “credo” donde se exponen unas verdades que no entendemos; la FE consiste en encontrarse con la persona de Jesucristo y dejarnos tocar por ella hasta el punto que se llegue a hacer parte de nuestra existencia: en Él y con Él todo encuentra sentido y todas nuestras preguntas encuentran su respuesta.
Hoy estamos viendo cómo todo ha entrado en crisis: todas las ideologías y sistemas se han venido abajo y estamos viendo que hasta las ideas más geniales “hacen agua” por todas partes. Hoy no podemos ir a nadie vendiéndole ideologías, teorías, ideas… de eso se puede encontrar todo lo que se quiera en cantidades desorbitadas. El hombre de hoy está “harto” de todo, lo único que siente es la necesidad profunda de ser amado, acogido, escuchado… Eso no te lo da una teoría, ni una idea. Eso solo es posible que te de la respuesta una PERSONA y ésta es JESÚS.
Es triste ver cómo esto se nos ha olvidado a los cristianos, por eso hemos tenido tan poca dificultad en abandonar la fe, la iglesia y todos los valores cristianos y nos estamos quedando sin nada, pues hay en el mundo otras ideas, otras doctrinas, otras corrientes mucho más atractivas y fáciles con las que es posible ser actual y sentirse bien con el ambiente. Pero la soledad sigue siendo el denominador común.

DOMINGO XXIII DEL T.ORDINARIO -B-







PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 35, 4‑7ª
Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará

Decid a los cobardes de corazón:
*Sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará+
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“DIOS HARÁ JUSTICIA”

El profeta Isaías, desde la perspectiva de la ley del Talión, entiende que Dios ha de hacer justicia con su pueblo y ha de dar su merecido a a quienes le han hecho sufrir el aplastamiento y la opresión (ojo por ojo y diente por diente)
Dios es justo y por eso invita al pueblo a mirar al futuro con esperanza: Él no va a quedar con los brazos cruzados y a cada uno va a dar lo que se merece, por tato, los cobardes, los desanimados, los caídos, los enfermos, los que tienen toda esperanza perdida… viene a decirles que es hora de levantarse de es situación porque Dios viene con el desquite y él en persona, viene a salvarlos.
Todo lo que se le ha robado, le será restituido y la fuerza de Dios resplandecerá sobre el mal; la opresión y el desbarajuste que se ha establecido en el pueblo será restablecida con la paz, la justicia y la tranquilidad
Ciertamente es un grito de optimismo, una llamada a la esperanza que yo quisiera recoger en este día y para estos tiempos y en el mismo sentido literal que anuncia el profeta Isaías: que Dios tome venganza a los opresores y destructores de la paz y ponga cada cosa en su sitio: que los que han robado devuelvan todo lo que no es suyo y paguen el daño realizado. Que los criminales paguen y rectifiquen todo el dolor que han producido. Que los que han dividido al pueblo y han hecho que la gente llegue a odiarse, sean tenidos como personas “non gratas”, como hombres y mujeres peligrosos y repudiables y se les exija el convertirse y pedir perdón, reconociendo públicamente su error…
Pero si el profeta Isaías aparecía como un soñador, yo no soy más que un pobre iluso a quien no le queda más remedio que pedirle a Dios que ponga su mano y haga posible que SU JUSTICIA se vea en el mundo establecida para todos..

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8‑9a. 9bc‑10
R/. Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.
R/. Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.
R/. Alaba, alma mía, al Señor.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.
R/. Alaba, alma mía, al Señor.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1‑5
¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?

Hermanos míos:
No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo.
Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso.
Veis al bien vestido y le decís: *Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.+ Al pobre, en cambio: *Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.+
Si hacéis eso, )no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?
Queridos hermanos, escuchad: )Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“FE Y PRAXIS”

Ya en la lectura que nos traía la liturgia del domingo pasado, Santiago pedía la coherencia de vida con la palabra que había generado nuestra fe; ahora continúa pidiendo esa misma coherencia entre lo que confesamos y lo que vivimos, no podemos separa, de ninguna manera fe y praxis: la fe lleva necesaria mente a la praxis y ésta adquiere sentido y se entiende desde la fe, pero separar una de la otra sería algo así como separar del agua el oxigeno y el hidrógeno, o separar de la persona el alma del cuerpo.
No obstante, eso que repugna en una “lógica espiritual” resulta que nos empeñamos en que sea posible en la práctica y, para muchos incluso, ven perfectamente comprensible el que una cosa no tenga que ver con la otra.
Santiago se opone abiertamente a esta mentalidad y no acepta que sea el dinero el canon desde donde se mide a la persona y se la mire. Eso mismo hicieron todos los profetas, sin embargo, nosotros nos empecinamos en demostrar todo lo contrario: el mismo Santiago lo denuncia en su carta al ver cómo la comunidad funciona con favoritismos en beneficio de los ricos y nosotros seguimos llamando “gente de bien” a aquellos que tienen una buena posición económica, más no a quien se deja su vida entregada en beneficio de los demás<, esos, en muchos casos, sin hasta considerados peligrosos, revolucionarios, desestabilizadores.
Ante esta situación, Santiago lanza su recriminación a la comunidad: “Escuchad, hermanos, ¿No eligió Dios a los pobres? Es decir: ¿Por qué nos empeñamos en enmendarle la plana a Jesús? Actuar así es no querer reconocer la presencia de Jesús en medio de nosotros. Practicar el favoritismo con los ricos es tener la misma mentalidad de los que ponen el dinero como su dios y por eso lo establecen como canon de valoración de la persona y por eso, el culto que practican es falso y vacío.
De nuevo la palabra de Dios vuelve otra semana a poner en cuestión toda nuestra práctica religiosa: ¿Por qué nos movemos? ¿Qué intereses tenemos? Qué coherencia existe entre lo que confesamos y lo que hacemos?
No pudo sustraerme a poner este principio que nos dejó Santiago para que ilumine nuestra práctica religiosa: desde los sacramentos hasta las romerías y las procesiones de semana santa. ¿Nos atreveremos a decir que Santiago estaba equivocado o que no sabía lo que estaba diciendo?


Aleluya Mt. , 23
Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31‑37
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
-“Effetá”, esto es: “Ábrete.”
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
É1 les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
-“Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“CERRADOS A LA PALABRA”

Jesús viene presentando una serie de signos que avalan sus palabras pero la gente no entiende, no va más delante de lo material y de lo práctico: cada uno busca la solución a su problema y no le interesa nada más.
Jesús quiere dar una lección de solidaridad, pero la gente entiende que han encontrado al hombre que buscaban: el que les resuelve sus problemas sin exigirles esfuerzo.
Jesús les quiere hacer ver que es el hombre con su libertad, el que genera el bien y el mal de las cosas, pero ellos entiende que la ley está para cumplir y no tener problemas, independientemente de lo que pienses o lo que vivas, de esa manera: “viendo no ven, oyendo no oyen, palpando no sienten…” han perdido la capacidad de discernir entre el bien y el mal, no son capaces de actuar en libertad si es que no hay una ley que les obligue a hacer un cosa.
El sordomudo del pasaje de hoy es el prototipo de la persona que se ha cerrado a Dios: no oye la palabra, ni el quejido, ni el dolor ni la desesperación de los demás, y tampoco le interesa lo que le ocurra a cualquiera; no es capaz de expresarla a los demás el más mínimo sentimiento de solidaridad, de fraternidad, de compasión; acepta y asume y llega a sentirse bien dentro del ritmo que hemos implantado y no quiere oir ni saber ni complicarse con nada de nadie. Él solo se rige por lo mandado.
Frente a esta situación que hoy se impone como norma la expresión de Jesús al sordo mudo tiene una resonancia especial: “¡Ábrete!”: Necesitamos todos que ese grito resuene en nuestros oídos, estamos necesitando una sanación de raíz para que podamos entender, podamos gozar, y podamos expresar con libertad la justicia y la verdad de Dios en el ambiente donde vivimos
Necesitamos que Cristo se acerque a cada uno, a cada institución y toque los oídos, la vista, la lengua, para que veamos, oigamos y podamos proclamar la VERDAD
Estamos hablando de “libertad” y de “apertura”, pero jamás hemos visto un ambiente más cerrado, más sometido, más engañado, más manipulado que el que vivimos.
Uno de los grandes daños que produce el dinero es el matar la capacidad de ver, de oír, de hablar y de proclamar la verdad, y cuando esto se da, porque hay que mantener unos intereses concretos, en los que participamos todos a distintos niveles, la consecuencia inmediata es la perdida de la libertad y nos convertimos en un sociedad de ciegos, que solo ven lo que interesa que vean; de sordos que solo oyen lo que se quiere y en mudos que llaman prudencia al miedo, respeto a la cobardía y tolerancia al atropello.

DOMINGO XXII DEL T.ORDINARIO -B-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1‑2. 6‑8
No añadáis nada a lo que os mando..., así cumpliréis los preceptos del Señor

Moisés habló al pueblo, diciendo:
-“Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente."
Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿Cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?”
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“VIVIR LO LEGISLADO”
Los autores del libro del Deuteronomio tienen muy clara una cosa: el momento en que el pueblo se salga de los raíles que Yahvé le ha establecido deja de ser pueblo y cae de nuevo en la esclavitud, ya que no tiene fuerza ninguna; su única fuerza es su ley, su identidad, que serán las que lo harán respetable ante las naciones por su sensatez y su claridad de ideas y principios. No podrán presumir de ninguna otra cosa.
Los peligros que el pueblo tiene son enormes múltiples, pues siempre está acechando la tentación de dejarse seducir por las facilidades que se le están brindando desde fuera: dejarse seducir por la riqueza, por la comodidad, por el poder, por el individualismo y apartarse del camino estricto que Dios le ha marcado y que supone un gran esfuerzo.
Aparte de los peligros externos, está el deterioro interno en el que se ha caído que ha producido unos desequilibrios sociales enormes, cosa que está en contra del principio de fraternidad que Yahvé había establecido.
Loa autores quieren dejar bien claro al pueblo que un día se hizo una alianza con Dios y ésta sigue en pie; el romperla lleva consigo la muerte y el mantenerla aportará la vida; esto ha de quedar bien claro a todas las generaciones para que cada uno sepa a lo que se arriesga.
Además hay otra cosa que causará la admiración de todos: el cumplimiento de la alianza asegurará la presencia de Dios en medio del pueblo, cos que no ocurre en otros pueblos y esto le dará al pueblo una fuerza y una autoridad moral ante el resto, que será la fuente del respeto que tendrán.
Pero de la misma manera ocurrirá al contrario: el incumplimiento de este pacto será el hundimiento del pueblo a todos los niveles.
Todo esto que el autor del Deuteronomio quiere dejar claro a su pueblo es algo de lo que no nos podemos evadir como si fuera cosa que no nos atañe; si a alguien tuviéramos que pedir un consejo frente a la situación que actualmente vivimos, nos podría contestar perfectamente con esta página: un pueblo que pone su grandeza en la dignidad de sus habitante, que tiene claros sus principios y que su orgullo es ser testigo de la verdad, de la justicia, de la honradez y de la fraternidad, será un pueblo respetado y reconocido por todos en el mundo como un pueblo grande. Por el contrario, un pueblo que destruye la moral, que deja a la gente a la deriva, que pone como norma el “todo vale” para conseguir el placer, es un pueblo arruinado que no podrá presentarse en ningún sitio.
La propuesta está ahí y el principio se nos sigue planteando a todos; de nuestra implicación en un sentido o en otro seremos culpables del éxito o del fracaso.


Salmo responsorial Sal 14, 2‑3a. 3bc‑4ab. 5

R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
El que procede honradamente y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/.
R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R/.
R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.
R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 17‑18. 21b‑22. 27
Llevad a la práctica la palabra

Mis queridos hermanos:
Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra.
Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.
Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos.
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“ENTRE DECIR Y HACER”

El texto que nos trae hoy la liturgia y que se atribuye a Santiago, no es más que la puesta en escena de algo que es elemental: hemos sido engendrados en la fe por la palabra, pero la palabra transforma y, si no lo hace, se queda en un sonido vacío que se lleva el viento; la palabra ha de materializarse en obras de solidaridad, solo cuando llega ahí, adquiere consistencia.
El problema en tiempos de Jesús y de la primitiva comunidad y también de la actual, es siempre el mismo: la división entre el dicho y el hecho, entre la teoría y la práctica, entre la apariencia y la realidad, entre la palabra y las obras.
La tentación constante a todos los niveles es siempre la misma: quedarnos en palabras bonitas, en sentencias sabias, en consejos preciosos, en promesas que alientan la esperanza, en sonrisas y palmaditas en la espalda… Pero a la hora de la verdad… “Búscate quién te haga realidad todo lo que yo te he dicho o te he prometido”
El día que nos tomemos en serio el dicho popular: “Obras son amores y no buenas razones”, ese momento cambiará todo de colorido y de sentido.
El día que en la iglesia los cristianos nos tomemos más en serio el vivir la experiencia de encuentro con Jesús resucitado entre nosotros, más que el saber y repetir correctamente todo lo que está legislado, entonces cumpliremos la alianza y no le pondremos dificultades ni reproches, ni siquiera a lo que está legislado.

Aleluya St 1,18
El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró,
para que seamos como la primicia de sus criaturas.

EVANGELIO


Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1‑8. 14‑15. 21‑23
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.
(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Segun eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
-“¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?”
É1 les contestó:
-“Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.”
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.+
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
-“Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.”
palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“¿CUMPLIR O VIVIR?"

S. Marcos vuelve sobre el tema expuesto en la primera lectura del Dt.: Israel se ha de distinguir ante los pueblos y se ha de imponer no por la fuerza ni el poder, sino por su autoridad moral, apoyada en una ley sabia. El mismo tema lo recoge Santiago: una palabra que no se pone en práctica no es más que un sonido hueco y vacío; el verdadero culto a Dios no es una apariencia, sino una vida vivida con sentido.
S. Marcos presenta a Jesús en medio de la discusión sobre: “Cumplimiento externo de unos ritos, unas costumbres, unas leyes… para quedar bien ante la gente, o el espíritu de esa ley hecho vida y puesto en práctica.
Lo que hace puro o impuro, grande o pequeño, aceptable o rechazable ante Dios al hombre no va a ser el cumplir o no cumplir con la letra escrita de una ley establecida por los hombres. Lo que hace impuro o puro al hombre es el mismo hombre, él es el que genera la limpieza o la suciedad; con su libertad, es él quien hace buena o mala una cosa.
Todo lo que existe es indiferente: no es bueno ni malo, será el hombre quien le ponga un signo u otro, hasta el punto que una misma cosa puede ser buena y mala al mismo tiempo, por ejemplo: yo envío un contenedor de medicinas a un pueblo del tercer mundo que atraviesa una fuerte epidemia… y puedo hacer que esa acción sea buena o mala:
- Porque me solidarizo con su dolor y quiero ayudarles a salir adelante en esa dificultad, pues lo considero hermano.
- Porque quiero conseguir que me faciliten las condiciones para un negocio que quiero montar en la zona.
El mismo gesto puede ser un acto de solidaridad o un chantaje.
Desgraciadamente hemos perdido la dimensión de lo “gratuito”, es decir: de lo que se hace sin esperar otra respuesta que la felicidad del que lo recibe; de aquello que se hace y produce la alegría de lo bien hecho porque se hizo con agrado (gratamente); de no actuar con otro interés que apoyar el bien y sentir la felicidad de haber apoyado y colaborado en el bien. Ya sé que esto suena a romanticismo religioso pues la realidad está muy lejos, pero efectivamente, por eso mismo está tan lejos la felicidad.